El primero de agosto entró en vigor en Nueva Jersey la ley «Skip the Stuff». A partir de ahora, ningún restaurante puede meter automáticamente cubiertos de plástico, pajillas o sobres de condimentos en un pedido para llevar. El cliente que quiera un tenedor tiene que pedirlo. El que no lo pida, no lo recibe.
La norma fue firmada en enero por el entonces gobernador demócrata Phil Murphy con el argumento de reducir el desperdicio de plástico. Los funcionarios que la promovieron citaron que aproximadamente el 95% del empaque de alimentos se desecha tras un solo uso. Ese dato es el ancla del relato oficial.
La ley no solo afecta al mostrador. Las plataformas de entrega a domicilio —DoorDash, Uber Eats y similares— deben ahora configurar sus apps para omitir los cubiertos por defecto. El usuario que los necesite tiene que marcar la opción activamente. Lo mismo aplica a los pedidos por teléfono o en persona.
Para los locales con al menos diez asientos, la restricción va más lejos: solo pueden ofrecer utensilios lavables a quienes comen en el lugar, y los sobres individuales de salsas quedan prohibidos; deben servirse desde envases reutilizables de tamaño completo.
Hay excepciones. Las escuelas públicas y privadas de K-12, los centros penitenciarios estatales y los establecimientos de salud no están obligados a cumplir la norma. Los restaurantes de patios de comida tienen hasta el 1 de agosto de 2028.
El régimen sancionador empieza con una advertencia en la primera infracción. La segunda puede acarrear multas de hasta 100 dólares diarios. Las siguientes, hasta 250 dólares por día.
Nueva Jersey no llega sola a este punto: en 2022 ya prohibió las bolsas plásticas de un solo uso y los recipientes de poliestireno expandido; en 2021 restringió las pajillas de plástico. Nueva York City aplicó una ley similar en julio de 2023.
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Que no te lo cuenten. Aquí no hay prohibición formal de los cubiertos: el Estado simplemente reorganizó la carga burocrática y la trasladó al consumidor. Ahora eres tú quien debe justificar que necesitas un tenedor para comerte tu almuerzo.
El principio en juego es clásico: cuando el gobierno decide que sabe mejor que tú lo que necesitas, la «libertad de elegir» se convierte en un trámite adicional que hay que superar. Hoy es un cubierto. Mañana será otra cosa que el aparato estatal considere prescindible. La burocracia siempre encuentra una nueva razón para meterse en el pedido.



