Nueva York es el tercer estado con electricidad residencial más cara de Estados Unidos. Solo Hawaii y California superan sus tarifas. Los datos son del gobierno federal, analizados por el Empire Center for Public Policy.
El precio llegó a 29,93 centavos por kilovatio-hora en mayo. Hawaii marca 52 centavos y California 33,25. Nueva York supera en un 62% la media nacional. Casi duplica a Florida. Supera en más de un 80% a Texas.
Y el problema se acelera. Los precios subieron un 12% en un año. El doble del ritmo promedio del resto del país. En octubre pasado, Nueva York ocupaba el puesto ocho en el ranking de estados más caros. En mayo ya era el tercero.
Zilvinas Silenas, presidente del Empire Center, lo resume sin rodeos: «El tercer puesto en precios de electricidad no es donde Nueva York debería querer estar». Señala que la política energética del estado contribuye directamente al alza. También apunta al cierre de plantas sin reemplazo suficiente. La central nuclear de Indian Point, en el condado de Westchester, aportaba el 25% de la energía de la ciudad de Nueva York antes de cerrar en 2021.
Gavin Donohue, presidente de la Asociación de Productores Independientes de Energía de Nueva York, va más lejos: «El mayor culpable de las tarifas altas es la alta tributación». Según él, impuestos, cargos de transmisión y mandatos de energía verde combinados explican el 70% de la factura. El contribuyente paga cada capa de burocracia verde que el legislador aprueba.
La gobernadora Kathy Hochul lleva en el cargo desde 2022. Bajo su gestión, el cargo de entrega de NYSEG para usuarios del norte del estado subió un 75%. En el período equivalente de su predecesor Andrew Cuomo, el mismo cargo subió un 25%.
La respuesta de Hochul ante las elecciones de noviembre: cheques de entre 100 y 200 dólares para los residentes. El presupuesto de mayo destinó mil millones del erario a ese fin. Los cheques se calcularán según los ingresos de 2024, sin importar si el beneficiario pagó facturas de electricidad o no. Su rival republicano, Bruce Blakeman, lo llama «una maniobra política para comprar votos».
Blakeman prometió cortar las facturas a la mitad, derogar los recargos de Hochul y devolver 2.400 millones en fondos de energía no gastados directamente a los contribuyentes.
El relato se cayó solo. Durante años, los defensores del intervencionismo energético prometieron que los mandatos verdes y el cierre de nucleares traerían un futuro más limpio y más barato. El resultado está en la factura de cada neoyorquino. Impuestos apilados, plantas cerradas, capacidad insuficiente y una burocracia que traslada cada costo al usuario final. Eso no es política energética. Es confiscación por goteo.
Que no te lo cuenten. Cuando un gobierno gasta mil millones en cheques para amortiguar el daño que él mismo causó, no está resolviendo el problema. Está comprando silencio electoral con dinero ajeno.



