Nueva York destinó 39,400 millones de dólares a Medicaid en el año fiscal 2025-26, según un análisis del Contralor estatal Tom DiNapoli. La cifra supera por primera vez los 37,000 millones asignados a educación K-12 y representa el 26.5% del presupuesto total del estado.
No es un accidente. El gasto en Medicaid se ha más que duplicado en la última década y las proyecciones de la propia oficina presupuestaria de la gobernadora Kathy Hochul anticipan que llegará a 53,300 millones en tres años — el 29% del gasto estatal — mientras el gasto en educación subirá a 43,700 millones, dejando una brecha de casi 10,000 millones de dólares entre ambas partidas.
Nueva York ya paga más por residente en Medicaid que cualquier otro estado del país. Y también más por alumno en educación que cualquier otro. Gastar más que nadie en todo, al parecer, es la política.
La matrícula del programa se proyecta en 7.2 millones de personas, frente a los 6.6 millones actuales, en parte porque ciudadanos no nacionales serán transferidos desde el Essential Plan — otro seguro estatal — hacia Medicaid. DiNapoli señala que el aumento de gasto se destina también a absorber pacientes que llegan a salas de emergencia tras perder cobertura federal.
El gobierno federal investiga al programa Medicaid de Nueva York por posible desperdicio, fraude y abuso. Según la fuente, la administración Trump puso recientemente la mira sobre varios centros de atención para adultos mayores en la ciudad de Nueva York por presunto fraude, aunque la fuente no establece una conexión directa entre esa acción y la investigación más amplia al gobierno de Hochul.
Bill Hammond, analista del Empire Center for Public Policy, fue directo: «El gasto en Medicaid es demasiado alto. Es un festín sin control. No hay rendición de cuentas. No les importan los resultados». Hammond señaló además que la mayoría de los beneficiarios de Medicaid en Nueva York tienen ingresos por encima del nivel de pobreza.
La salud fiscal de los propios hospitales tampoco mejora con el diluvio de dinero público: 75 de los 261 hospitales del estado, el 28.7%, están catalogados como «en dificultades financieras» — un aumento del 200% respecto a hace una década — y la ayuda de emergencia a esas instalaciones creció un 700%. El presupuesto recién aprobado incluye 500 millones de dólares adicionales en asistencia «de una sola vez» para hospitales en crisis.
El propio Contralor advierte que el ritmo actual de expansión «requerirá que el estado tome decisiones sobre la sostenibilidad del trayecto actual del gasto en Medicaid».
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Que no te lo cuenten: esto no es generosidad, es captura. Cada dólar que Albany vierte en Medicaid sin control es un dólar que no llega al aula, a la infraestructura ni al bolsillo del contribuyente que lo financió. El relato oficial habla de «proteger a los vulnerables»; los números hablan de un aparato que sirve a intereses especiales — hospitales, sindicatos, operadores de centros de adultos mayores — mientras las escuelas pelean por las sobras. Cuando el gasto se duplica en una década y los hospitales están más quebrados que nunca, la pregunta no es si el modelo funciona. La pregunta es a quién le conviene que nadie la haga.



