Nueva York lleva cinco años con la marihuana recreativa legalizada. Ahora el estado acaba de publicar una guía oficial titulada «Talking With Young People About Weed». El presidente del Partido Conservador de Nueva York, Gerard Kassar, lo resumió sin rodeos: estamos ante «un momento de ya te lo dijimos».
Los números no mienten. Las visitas hospitalarias de niños menores de cinco años vinculadas al cannabis subieron más de 1.600% desde 2016. Las urgencias se dispararon. Los envenenamientos pediátricos también.
La guía estatal advierte sobre el Síndrome de Hiperémesis por Cannabinoides. Dolor abdominal severo, náuseas persistentes, vómitos repetidos. Y eso es solo el daño inmediato. El Trastorno por Uso de Cannabis aparece vinculado a mayores tasas de psicosis, ideación suicida y ataques de pánico. El problema es especialmente grave entre adolescentes y adultos jóvenes.
En las escuelas, el panorama es igual de oscuro. En el año escolar 2022-2023, los incidentes con drogas ilegales, parafernalia y sustancias controladas aumentaron 17% respecto al año anterior. El Wall Street Journal reportó que el DeWitt Clinton High School del Bronx tuvo que restringir qué alimentos pueden traer los estudiantes. La razón: los jóvenes metían comestibles con THC en sus loncheras.
Todo esto era predecible. En 2017, el entonces gobernador Andrew Cuomo se resistía a la legalización. Decía que la marihuana era «una droga de entrada» y que había «mucha evidencia» de que llevaba a otras drogas. Cuomo no estaba convencido. Tres años después pedía más investigación. Citaba el fracaso federal con los opioides como advertencia. Un año más tarde firmaba la ley.
El discurso cambió de forma conveniente. De «no es segura» pasó a «no sabemos si es segura» y terminó en «no importa si es segura porque vamos a reparar injusticias históricas». El aparato estatal y el lobby del cannabis hicieron su trabajo. La codicia fiscal hizo el resto.
La promesa de beneficiar a las comunidades marginadas tampoco se cumplió. Un metaanálisis reciente encontró que el uso de cannabis entre afroamericanos está vinculado al consumo de otras drogas. Otro estudio identificó que las zonas de Nueva York con mayor concentración de dispensarios «tienden a ser áreas urbanas con alta presencia de residentes negros e hispanos». La legalización golpea con más fuerza a quienes supuestamente iba a proteger.
Hasta el New York Times reconoció hace unos meses que la legalización no cumplió sus promesas y que Estados Unidos «tiene un problema con la marihuana».
Esto es lo que pasa cuando la burocracia reemplaza la evidencia con el relato. Cuando el dinero del lobby y la promesa de recaudación fiscal pesan más que la salud de los niños. Nueva York apostó por un experimento ideológico. Los contribuyentes pagan la factura. Los menores pagan con su salud.
Que no te lo cuenten.



