Nueva York tiene un problema visible. Son más de 7.500 andamios para aceras —los llamados sidewalk sheds— que bloquean luz, estrechan aceras y afean vecindarios enteros. La cifra supera ampliamente la de cualquier otra gran ciudad del país, según Bloomberg.
El origen es la Ley Local 11. Esa norma obliga a los propietarios a instalar protecciones peatonales cada vez que se detectan problemas estructurales en una fachada. El resultado: una ciudad cubierta de estructuras verde oscuro que llevan años sin moverse.
Ahora el Departamento de Edificios quiere cambiar eso. Instaló dos prototipos frente a su sede en 280 Broadway, Bajo Manhattan. Son el «Rigid Shed» y el «Flex Shed», ambos desarrollados por la firma de ingeniería Arup.
El primero está pensado para obras de gran escala. Ocupa menos acera y facilita el paso. El segundo es ligero y adaptable. Sirve para mantenimiento o emergencias, con techos y columnas ajustables que sortean señales de tráfico o paradas de autobús.
Hay cuatro diseños más en camino. La firma PAU aportó el «Speed Shed», de instalación rápida y techo inclinado con malla para dejar pasar luz natural. También el «Baseline Shed», versátil, con techo transparente. Y el «Wide Baseline Shed», para avenidas anchas, con columnas más separadas que reducen obstrucciones.
Arup suma el «Air Shed». Este modelo se ancla directamente al edificio. Se eleva sobre la acera en voladizo. Elimina columnas en el suelo y deja el paso completamente libre.
El comisionado Ahmed Tigani lo dijo en el anuncio oficial: «Durante demasiado tiempo, las estructuras temporales han dominado nuestras calles, oscureciendo nuestras aceras y dificultando caminar de un punto A a un punto B».
Los seis diseños atraviesan ahora el proceso de reglamentación del Departamento de Edificios. Una vez aprobados, podrán usarse en obras y en edificios con fachadas peligrosas en toda la ciudad. El departamento también planea actividades informativas durante el año para explicar cada prototipo al público.
Que no te lo cuenten. Detrás de este anuncio hay una pregunta que la ciudad no responde con claridad: ¿quién paga el rediseño y la transición? Los andamios los instalan los propietarios privados, obligados por regulación municipal. Cada cambio de estándar es un costo que recae sobre quien tiene un edificio, no sobre el funcionario que firma el decreto. Nueva York lleva décadas acumulando capas de burocracia sobre la propiedad privada. Un andamio más bonito no resuelve eso. Lo que resuelve el problema es agilizar inspecciones, reducir tiempos de obra y dejar de castigar al propietario que cumple con una factura interminable. El diseño es bienvenido. La reforma de fondo, todavía pendiente.



