Barack Obama salió a criticar la decisión de Trump de prohibir el acceso de CNN, Politico y MS Now a la Casa Blanca, tras acusarlos de cobertura «negativa». Lo hizo en una charla en Colgate University, donde dijo que no podía imaginar haber dicho: «Fox News, ustedes se van de aquí».
Trump anunció el viernes pasado la medida contra tres medios y desató una tormenta por la Primera Enmienda. Obama la calificó de inadmisible y sostuvo que hay sectores del país que ya aceptan ese tipo de comportamiento. A su juicio, eso muestra que no se ha desarrollado «el tipo de entendimiento de lo que la democracia requiere».
Pero el episodio no quedó ahí. La propia administración Obama intentó frenar a Fox News en 2009. Según la nota, su equipo trató de impedir que los reporteros de la cobertura compartida entrevistaran a Kenneth Feinberg, el «zar» de salarios ejecutivos, mientras otros medios sí tuvieron acceso. Además, la Casa Blanca de entonces cuestionó en público la legitimidad de Fox como organización periodística.
Anita Dunn, directora de comunicaciones de la Casa Blanca, dijo en ese momento que Fox era «la fuente y el vehículo de los mensajes del Partido Republicano». Agregó que no creían necesario tratarla como a otras organizaciones de noticias. Obama, por su parte, respaldó esa línea cuando dijo a NBC News que si los medios operan «básicamente como un formato de radio hablada», no era algo que le quitara el sueño.
La administración finalmente dio marcha atrás tras las protestas de CNN, ABC, CBS y NBC. También enfrentó críticas por obtener en secreto registros telefónicos de líneas de Associated Press y por usar citaciones y otras tácticas agresivas en investigaciones sobre filtraciones.
El punto de fondo es claro: cuando el poder decide quién entra y quién queda afuera, la prensa deja de ser contrapeso y pasa a depender del capricho político. Esa es la doble vara que tanto daño le hace al debate público.
Y no importa si el veto viene con el sello de Trump o con el de Obama. En ambos casos, el mensaje para los medios y para los ciudadanos es el mismo: la burocracia quiere premiar al obediente y castigar al incómodo. Que no te lo cuenten.



