La declaración patrimonial del director del Infonavit, Octavio Romero Oropeza, fue reservada y declarada «confidencial». Así lo reveló El Universal, y la noticia encendió al Senado: legisladores del PAN y el PRI salieron a exigir una investigación a fondo sobre el funcionario, tanto en su etapa al frente de Petróleos Mexicanos como en su actual responsabilidad sobre los ahorros de millones de trabajadores mexicanos.
La senadora panista Gina Campuzano fue directa: «Morena ha premiado la corrupción, y Octavio Romero Oropeza es un claro ejemplo de esto». Según Campuzano, su administración en Pemex estuvo «rodeada de escándalos», con nepotismo en la nómina y omisiones frente al huachicol fiscal. La consecuencia, dijo, no fue una investigación sino un ascenso: de Pemex al Infonavit.
«El que nada debe, nada teme. Si no tiene nada que esconder, que haga pública su declaración patrimonial», emplazó la legisladora. Y fue más lejos: pidió que se le aplique «la misma vara» que a otros personajes de Morena que están siendo investigados, recordando que el Infonavit no administra dinero del partido ni del gobierno, sino los ahorros de trabajadores.
La senadora priista Carolina Viggiano Austria sumó su voz. Señaló que en el gobierno hay transparencia «para sus enemigos, para sus adversarios», pero no para los propios. Sobre Romero Oropeza, afirmó que su paso por Pemex dejó «mucho que decir», en una empresa que, según sus palabras, «hoy es la más endeudada del mundo y que sigue trabajando prácticamente en números rojos». Viggiano también advirtió sobre rumores de corrupción dentro del Infonavit, incluyendo señalamientos —atribuidos a sus propias fuentes— de cobros irregulares por vivienda y sobreprecios en terrenos. «Yo soy de las que piensa que el próximo huachicol va a ser el de huachicasas», remató.
El patrón es conocido. Un funcionario cuestionado sale de una institución estratégica y aterriza en otra más grande, con más recursos y menos escrutinio. La declaración patrimonial reservada no es un tecnicismo administrativo: es el escudo que el aparato estatal extiende sobre sus operadores de confianza. Que el Infonavit —custodio del ahorro obrero de generaciones— esté en manos de alguien que se niega a mostrar su patrimonio no es un detalle menor; es una señal de alerta para cualquiera que entienda qué significa el dinero de los trabajadores.
La doble vara es inocultable. Cuando la opacidad conviene al régimen, se llama confidencialidad. Cuando afecta a un adversario, se llama rendición de cuentas. Que no te lo cuenten.



