Javier Ortega Smith, que fue secretario general de Vox, solicitó este viernes a la Mesa del Congreso su baja como diputado del grupo parlamentario de Vox y su incorporación inmediata al Grupo Mixto. Mantiene su acta parlamentaria.
El propio Ortega Smith lo anunció en la red social X, adjuntando el escrito enviado a la Mesa y una carta dirigida al presidente del partido, Santiago Abascal. En esa carta le comunica la «dolorosa determinación» de poner fin a su etapa como diputado nacional de Vox.
«Una de las decisiones más dolorosas de mi vida», escribe Ortega Smith a Abascal. Se va, según sus propias palabras, con la «tristeza» de dejar un grupo que ayudó a fundar, pero también «con la conciencia tranquila».
La ruptura no es nueva: lleva tres meses fraguada. Ortega Smith fue expulsado de Vox por cometer una infracción grave al negarse a cumplir la orden de la dirección del partido que le obligaba a dejar de ser portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. La expulsión del partido no le arrebató el escaño; ahora él mismo da el paso de salir también del grupo parlamentario.
Lo que queda en pie es el acta. Ortega Smith seguirá en el Congreso, ahora desde el Grupo Mixto, ese cajón de sastre donde van a parar los parlamentarios sin hogar político definido.
El relato se cayó solo. Vox se presentó durante años como el partido de la disciplina, la lealtad y la cohesión frente a la «casta» que cambia de chaqueta. Hoy uno de sus cofundadores —el hombre que estuvo en el origen de ese proyecto— sale por la puerta de atrás tras un conflicto de obediencia interna. No lo expulsaron por traicionar ideas: lo expulsaron por no obedecer una orden orgánica sobre un cargo municipal. Eso no es una purga ideológica; es una disputa de poder dentro del aparato.
La ironía es que la misma lógica de control centralizado que Vox critica en el Estado la aplica con rigor dentro de su propia estructura. Ortega Smith se va con el acta, con la conciencia tranquila —según él mismo— y con una historia que los votantes de Vox merecen conocer sin filtros. Que no te lo cuenten.



