Un hombre pateó a un lobo marino en La Jolla Cove, cerca de San Diego, y la escena quedó grabada en video. La Oficina de Aplicación de la Ley de Pesca de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) confirmó que abrió una investigación formal tras la difusión del clip en redes sociales.
«La Oficina de Aplicación de la Ley de Pesca de NOAA está investigando reportes de un video en redes sociales que muestra una interacción entre un individuo y un lobo marino, presuntamente en La Jolla Cove», señaló la agencia en un comunicado público.
Las imágenes muestran al hombre acercarse al animal, que descansaba sobre un muro de concreto bajo, propinarle una patada con suficiente fuerza para lanzarlo por los aires y luego perseguirlo con una postura amenazante. En el video también se escuchan risas de los espectadores presentes.
La Ley de Protección de Mamíferos Marinos establece sanciones severas para quienes acosen, hieran o maten mamíferos marinos silvestres, incluidos delfines, marsopas, ballenas, focas, lobos marinos y manatíes. Las multas civiles pueden alcanzar los 11,000 dólares; las penales, hasta 100,000 dólares y un año de prisión.
La organización PETA condenó el acto: «El asalto es ASALTO, sin importar la especie. Este agresor se rió mientras acosaba y pateaba a un lobo marino que desesperadamente intentaba escapar», dijo la organización en un comunicado.
NOAA pidió a quienes tengan información que se comuniquen de inmediato al (800) 853-1964. «Las investigaciones son más efectivas cuando se proporciona información detallada», subrayó la agencia.
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Que no te lo cuenten. Lo que ocurrió en La Jolla Cove no requiere mucho análisis: un hombre golpeó a un animal indefenso mientras otros se reían, y la cámara lo capturó todo. La ley existe, es clara y las penas son considerables. La pregunta ahora es si el aparato federal tendrá la voluntad de identificar al responsable y aplicarla sin demora ni eufemismos.
Este tipo de caso, precisamente porque no admite ambigüedad moral ni política, es el termómetro más honesto de si las instituciones funcionan. Los lobos marinos de La Jolla no votan, no tienen lobby y no generan titulares eternos. Pero la ley los protege, y eso debería bastar.



