La controversia por la presunta denegación de visa a Estados Unidos al senador Daniel Núñez (PC) sigue escalando. Esta vez, el Partido Comunista salió a blindar al parlamentario y a empujar dos frentes al mismo tiempo: una protesta formal contra la Embajada de EE.UU. y una revisión interna en el Senado.
Núñez insiste en que pidió a la Dirección de Asuntos Internacionales de la Cámara Alta tramitar la visa para asistir a una actividad en Nueva York en septiembre, y que sus funcionarios le informaron que el proceso se hizo. Según su versión, el documento fue denegado pese a que se trataba de una representación institucional.
Desde el Senado, en cambio, la versión oficial es distinta. Un comunicado firmado por Iván Moreira sostiene que «ningún funcionario de la Dirección de Asuntos Internacionales del Senado ha realizado gestiones destinadas a tramitar una visa para el senador Daniel Núñez Arancibia».
El cruce subió de tono cuando Brandon Judd dijo que no recibieron una solicitud para extender el documento y acusó al comunista de mentir «descaradamente». Núñez respondió que no acepta que se ponga en duda su palabra y calificó las descalificaciones como «groseras y grotescas».
La secretaria general del PC, Bárbara Figueroa, respaldó al senador y afirmó que hubo «discriminación» o «al menos arbitrariedad». También sostuvo que Cancillería debería «poner los pantalones» y hacerle un llamado de atención al embajador, además de enviar «una nota de protesta a Estados Unidos» por su comportamiento.
Figueroa fue más allá y pidió al Senado investigar por qué su unidad de Asuntos Internacionales no habría gestionado la visa, pese a la urgencia del caso. Según dijo, se trata de un proceso que «tiene que ser investigado» y «analizado».
Lo concreto es que, por ahora, hay tres versiones en choque: la de Núñez, la del Senado y la de la Embajada. Y en el medio queda una pregunta incómoda para el aparato institucional chileno: quién falló, cuándo falló y por qué nadie parece querer asumir el costo.
La historia también deja otra señal incómoda. Cuando un senador necesita salir a representar al país, el mínimo esperable es gestión, coordinación y seriedad. Si eso no ocurrió, la burocracia queda en evidencia. Y si sí ocurrió, entonces alguien está mintiendo. En cualquiera de los dos casos, la ciudadanía no gana nada con el espectáculo ni con la doble vara diplomática. Que no te lo cuenten.


