Peter Lamelas, embajador de los Estados Unidos, contó qué lugares le gustan en Buenos Aires y qué hábitos locales ya incorporó, al menos en parte. Dijo que en la ciudad le gustan Kansas y Rock&Feller’s por recuerdos que le traen de su país, y mencionó que le gusta mucho la hamburguesa de Guita.
Cuando le preguntaron a dónde llevaría a amigos o familiares del exterior, nombró Don Julio, Gardiner, Casa Palanti, Sottovoce y Bao Kitchen. Sobre Don Julio, dijo que tiene «una gran reputación» y ofrece una experiencia «muy representativa» de la carne y la parrilla argentinas. De Gardiner destacó el servicio y la propuesta gastronómica. De Bao Kitchen dijo que es una de las mejores comidas chinas que ha probado en el mundo.
También señaló qué debería probar sí o sí quien visite la Argentina: empanadas, carne argentina y asado. Sobre lo que extrañará cuando termine su misión, respondió que el ambiente que se construye alrededor de un asado es difícil de igualar. Agregó que las empanadas le parecen un formato muy fácil de adaptar como opción de comida callejera en los Estados Unidos.
En cuanto a sus costumbres, dijo que el dulce de leche le resulta adictivo. También admitió que todavía no se volvió un amante del mate. Lo probó y le gusta, pero sigue siendo más fanático del café. Además, contó que se está acostumbrando a cenar más tarde. A veces llega a un restaurante a las siete y media u ocho y está vacío.
Lamelas también dejó una imagen concreta de la ciudad que observa desde la vereda. Dijo que le gusta sentarse afuera de Café Tabac, tomar un café, comer una medialuna y mirar a la gente caminar, conversar y pasear con sus perros. Lo describió como «una película sobre la vida cotidiana de Buenos Aires».
El dato más simple es también el más elocuente: el embajador vino a una capital que todavía conserva rituales propios. El asado, las empanadas, el café en la vereda y hasta la cena tardía siguen marcando una identidad que no pide permiso. Esa es la parte valiosa. La que sobrevive cuando el aparato estatal y la diplomacia pasan de largo.
Y hay otra lectura. Mientras la burocracia suele vender discursos vacíos sobre integración y diversidad, la cultura real se ve en cosas concretas: en una mesa, en un horario, en una forma de recibir visitantes. Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo.



