Hasan Piker apareció en un programa satírico conducido por Ziwe y dejó otra muestra de su retórica extrema. Según el propio relato de la entrevista, Piker se definió como comunista, dijo que «I think housing should be free» y afirmó que su sueño es una «full-blown United Soviet Republic of the United States».
En el tramo más discutido, Ziwe cerró la conversación y Piker respondió con un chiste sobre 9/11: «That’s what Mohamed Atta said». Mohamed Atta fue el ringleader que pilotó el vuelo de American Airlines Flight 11 contra la Torre Norte del World Trade Center, en un ataque que mató a 2,977 personas.
La pieza también recoge otras declaraciones del streamer. Piker dijo que no se considera un «proud American» porque es un «citizen of the world», y aceptó con humor preguntas sobre su imagen pública, el socialismo y el comunismo. El texto añade que Ziwe lo trató con complicidad y que el público aplaudió al final.
No hace falta compartir la mezcla de pose revolucionaria y espectáculo para entender el punto: cuando la izquierda cultural convierte la provocación en mérito, acaba rebajando hasta la tragedia más grande de la historia reciente de Estados Unidos. Lo que en otros contextos sería escándalo, aquí se vende como irreverencia.
Otra vez la doble vara. Si el conservadurismo fuera incapaz de condenar una broma sobre 2,977 muertos, la casta mediática hablaría de barbarie durante semanas. Pero cuando el personaje viene del circuito woke, la maquinaria del aplauso se pone a trabajar.
Eso no es transgresión. Es degradación moral con producción premium. Y muestra hasta qué punto el progresismo cultural premia el cinismo, castiga la seriedad y convierte el desprecio por las víctimas en contenido consumible. Que no te lo cuenten.



