Graham Platner, el candidato demócrata al Senado por Maine, presentó el viernes su carta formal de retiro ante la División de Elecciones del Departamento de Estado de Maine. La carta, publicada por el propio Platner en X, concluye con la frase: «F**k ICE. Free Palestine. Up the Hearts. Solidarity forever.»
No es sátira. Está en el documento oficial, con firma y todo.
La salida llega dos días después de que Platner anunciara la suspensión de su campaña en medio de una acusación de agresión sexual relacionada con un incidente de 2021, según reportó Politico. Platner ha negado repetidamente las alegaciones. La presión para que abandonara la carrera vino de líderes demócratas en Maine, en Washington y en todo el país.
El retiro también llegó tres días antes de un plazo crítico: las 5 p.m. del lunes. Perderlo habría impedido a los demócratas de Maine colocar un nuevo candidato en la boleta electoral general.
Platner había ganado la primaria demócrata el 9 de junio con más del 70% de los votos, según consigna Daily Signal. Los 156,084 maineños que lo respaldaron votaron, en sus propias palabras, por «un nuevo tipo de política» que incluía Medicare para Todos, sindicatos más fuertes y limitar la influencia de los billonarios. Fue respaldado por el senador Bernie Sanders el año pasado.
Su salida deja a los demócratas corriendo para elegir un sustituto que enfrente a la senadora republicana Susan Collins en una de las contiendas más vigiladas del ciclo electoral. El ex presidente del Senado de Maine, Troy Jackson, aliado de Platner que públicamente le pidió retirarse, ha lanzado un comité exploratorio como posible reemplazo. La convención nominadora del partido definirá al candidato.
El partido demócrata de Maine confirmó que celebrará una convención para elegir al nuevo nominado. Su directora ejecutiva, Devon Murphy-Anderson, señaló que los candidatos pueden comenzar a recolectar firmas y llenar el formulario de nominación.
Desde Contrafuego, el caso Platner es un espejo que los demócratas progresistas deberían mirar con detenimiento. Un candidato construido sobre el relato de «la gente contra los oligarcas» cayó por las mismas dinámicas de poder y encubrimiento que prometía combatir. La izquierda institucional lo empujó hacia la salida solo cuando el escándalo hizo inmanejable la situación, no antes. Y la despedida con insultos a una agencia federal de seguridad dice más sobre el carácter del movimiento que cualquier plataforma electoral.
El daño no es solo para Platner: es para el flanco más radical del Partido Demócrata, que apostó fuerte por este candidato y ahora debe reconstruir en tiempo récord. La pregunta real no es quién reemplaza a Platner, sino si el progresismo tiene algo más que ofrecer aparte del escándalo y la consigna.



