Doug Ford, premier de Ontario, lanzó el jueves una advertencia política directa contra Donald Trump y el Partido Republicano: espera que pierdan tanto el Senado como la Cámara de Representantes en las próximas elecciones de medio término.
«Ojalá pierda el Senado. Va a perder el Congreso. Eso espero, y que lo rindan cuentas», dijo Ford. Acto seguido añadió: «Pero no vamos a interferir en las elecciones de EE.UU.»
Que no te lo cuenten: declarar públicamente qué resultado electoral deseas para el país vecino y luego afirmar que no interferirás es, en el mejor de los casos, una contradicción de manual. En el peor, es exactamente el tipo de señal que los medios progresistas habrían calificado de «injerencia extranjera» si viniera del lado contrario.
Ford se ha convertido en el crítico más ruidoso de Trump dentro de Canadá, acusando al presidente de intentar mover los negocios y empleos de Ontario hacia territorio estadounidense. «No es confiable para nada», afirmó. «Puede hacer un trato hoy y cambiar de opinión mañana. Lo hemos visto una y otra vez.»
El contexto es una escalada comercial real. Washington prohibió recientemente algunos productos lácteos canadienses, motocicletas y la mayoría de las bebidas alcohólicas, como respuesta a los aranceles de represalia de Ottawa sobre aproximadamente 20 mil millones de dólares en bienes estadounidenses. Trump también tomó medidas para excluir productos canadienses de grandes contratos gubernamentales de largo plazo.
La tensión personal entre ambos líderes tiene historial. El año pasado, Trump interrumpió abruptamente las negociaciones comerciales con Canadá después de que el gobierno de Ontario transmitiera un anuncio anti-arancelario en televisión estadounidense que usaba citas del expresidente republicano Ronald Reagan criticando los aranceles. Ford, a su vez, se burló de Trump por mantener un retrato de Reagan cerca de su escritorio mientras impulsa políticas que ese mismo expresidente habría rechazado.
Con todo, Ford reconoció que cree que Trump quiere cerrar un acuerdo antes de las elecciones de medio término y que Canadá debería volver a la mesa de negociación cuanto antes. «Verdaderamente creo que el presidente Trump quiere un trato antes de las elecciones de medio término», dijo. «Puedo estar equivocado, pero creo que lo mejor es que nos sentemos y lleguemos a un acuerdo.»
Ahí está la doble vara en toda su expresión: Ford desea públicamente la derrota electoral de Trump y al mismo tiempo reconoce que necesita negociar con él. La política comercial no es un juego de simpatías; es una cadena de consecuencias económicas que afecta a trabajadores y empresas a ambos lados de la frontera.
Desde Contrafuego, el principio es simple: los líderes electos que dependen del libre comercio para sostener sus economías no pueden darse el lujo de convertir las urnas ajenas en su arma favorita. Si Ford quiere un trato, que negocie. La tribuna mediática no reemplaza a la mesa.



