Wadith Manzur está en prisión. Lleva ahí desde marzo de este año, cuando la Corte Suprema de Justicia le impuso medida de aseguramiento. El motivo: su presunta participación en el escándalo de corrupción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Aun así, el congresista electo por el Partido Conservador quiere posesionarse. Su defensa presentó ante la Sala de Primera Instancia de la Corte una solicitud formal para que se le permita asistir a la ceremonia de instalación del Congreso el próximo 20 de julio.
El antecedente no ayuda. Días antes, la misma corporación negó una petición idéntica de la representante Karen Manrique. Ella también está investigada por el caso UNGRD. También está recluida. La Corte fue clara: los traslados de personas privadas de la libertad solo proceden en los casos previstos por la ley. Esas condiciones, dijo el tribunal, no se cumplían.
La firma Víctor Mosquera, que defiende a Manzur, salió con comunicado. Argumentó que impedir su posesión afectaría «los derechos políticos del senador electo y la voluntad democrática expresada por más de 134.000 ciudadanos que respaldaron su elección». También cuestionó que la medida de aseguramiento haya sido aplicada solo a dos de las seis personas investigadas dentro del mismo expediente, y que haya ocurrido en pleno proceso electoral.
Mientras la Corte decide, opera la figura de la silla vacía. Al estar detenido por un presunto delito contra la administración pública, el Partido Conservador no puede reemplazarlo. La curul queda sin ocupar. El partido pierde ese escaño y ese voto en el Senado.
Lo que está en juego es real. Un escándalo de corrupción estatal dejó a un senador electo entre rejas antes de jurar el cargo. La defensa invoca derechos políticos. La Corte invoca la ley. Ninguno de los dos argumentos es frívolo. Pero hay una pregunta que el relato oficial de Bogotá prefiere no responder: ¿cómo llegó la UNGRD, un aparato creado para gestionar desastres con dinero público, a convertirse en el centro de una trama que hoy tiene congresistas en prisión? Esa es la pregunta que incomoda al petrismo. Porque la UNGRD no operó sola.



