Jen Psaki tiene un problema. Lo sabe. Y lo dijo en voz alta.
La presentadora de MSNBC habló el miércoles con el periodista Terry Moran. El tema: por qué los demócratas no logran romper el ciclo de noticias dominado por Donald Trump. La respuesta de Psaki fue, en parte, un mea culpa.
«Quizás todos somos culpables», dijo. Ella misma incluida.
Psaki reconoció que su programa termina girando alrededor de Trump. Dijo que es difícil decidir a quién invitar fuera de la reacción al presidente. Y admitió que eso puede ser un error.
La ex portavoz de la Casa Blanca señaló que los demócratas tardaron en pasar de ser simplemente «anti-Trump» a ofrecer algo propio. Sus palabras exactas: «No creo que el público sepa suficiente sobre los planes de los demócratas para mejorar sus vidas».
Terry Moran puso el contexto. Los demócratas no llevan la ventaja que se esperaría en las elecciones de medio término de noviembre, incluso con la aprobación de Trump en niveles bajos. El entusiasmo existe, según Psaki. El mensaje, no.
No es una queja nueva. John Fetterman ya había criticado públicamente a su partido por basar campañas enteras en el «fuck Trump» sin propuesta constructiva. Psaki llegó a la misma conclusión. Solo que desde adentro del aparato mediático que fabrica ese mismo relato.
Ahí está la ironía. Un medio que se presenta como contrapeso al poder termina siendo el mejor amplificador del hombre al que dice combatir. Y cuando los resultados no llegan, la pregunta es quién tiene la culpa. La respuesta honesta de Psaki: todos.
Desde Contrafuego lo vemos distinto. No es un fallo técnico de comunicación. Es el resultado lógico de una izquierda que construyó su identidad sobre el rechazo, no sobre ideas. Cuando el adversario domina el espacio público, el que solo reacciona pierde. Siempre. El libre mercado de las ideas tiene sus reglas. Y el partido que no produce valor propio no gana cuota de mercado por quejarse del líder.
Que no te lo cuenten.



