Un nuevo proyecto de ley radicado en la Cámara de Representantes por los senadores Esteban Quintero Cardona y Juan Fernando Caicedo, del Centro Democrático, propone bajar el IVA de los tiquetes aéreos del 19 % al 5 %.
La iniciativa busca adicionar un numeral al artículo 468-3 del Estatuto Tributario. La tarifa reducida iría hasta el 31 de diciembre de 2030. También cubriría el valor del pasaje, los servicios conexos y la tarifa administrativa de comercialización.
De aprobarse, el beneficio sería de obligatorio cumplimiento para todas las aerolíneas comerciales que operen en el país y para las agencias de viajes. El objetivo, de acuerdo con el comunicado, es abaratar el costo final de los viajes, estimular la demanda de pasajes y dinamizar la economía nacional.
El argumento no sale de la nada. La propuesta llega después del fin de los alivios fiscales anteriores y del golpe que sufrió la aviación civil tras la suspensión de operaciones de Viva Air y Ultra Air. Según la fuente, la salida de Viva Air llevó a que los precios para Semana Santa aumentaran hasta un 23 %.
Los datos citados muestran el tamaño del problema. Entre 2022 y 2023, los pasajes hacia San Andrés subieron 72 %; hacia Santa Marta, 59 %; a Bogotá, 46 %; a Cartagena, 44 %; y a Medellín, 40 %. El DANE reportó que la inflación anual en «Transporte de pasajeros y equipaje en avión» llegó a 42,8 %, muy por encima de su promedio histórico de 6,5 %.
La discusión fiscal ya está sobre la mesa. El proyecto fue remitido al Ministerio de Hacienda y Crédito Público para evaluar su impacto bajo la Ley 819 de 2003. Sus ponentes confían en que un mayor volumen de tiquetes vendidos compense la menor tarifa impositiva.
También hay un trasfondo más amplio. En 2019, el turismo recibió más de 4,5 millones de visitantes extranjeros y generó un valor agregado superior a los 25,3 billones de pesos, equivalente al 2,6 % del PIB nacional. La IATA señaló que la aviación aportó 10.500 millones de dólares al PIB colombiano y sostuvo 665.000 empleos directos e indirectos.
Aquí está el punto de fondo: cuando el Estado encarece un servicio básico con impuestos altos, el golpe termina en el bolsillo del ciudadano. No es discurso. Son tarifas más caras, menor demanda y menos movimiento económico. Que no te lo cuenten.
Si el Congreso quiere reactivar el turismo, tendrá que decidir si sigue defendiendo la carga fiscal o si por fin deja respirar a la libre empresa. Otra vez la doble vara: se promete reactivación, pero se castiga con burocracia tributaria a quien quiere volar.


