Rahm Emanuel pidió a sus correligionarios demócratas que no intenten destituir a Donald Trump si recuperan el control de la Cámara de Representantes. Lo dijo el domingo en «Meet the Press», de NBC News.
Emanuel sostuvo que una iniciativa de impeachment no iría a ninguna parte y solo terminaría en otra pelea política. «Respuesta corta: no, porque no va a ninguna parte, y va a ser un food fight, y vamos a volver a la política de pelear», dijo.
También advirtió que una maniobra así confirmaría la peor percepción de Washington entre los votantes. «Nunca vas a conseguir un impeachment», agregó. «Entonces, si haces eso, básicamente demuestras que todo Washington es lo que el pueblo estadounidense piensa. Es Disneylandia en el Potomac».
En su lugar, propuso una agenda de reforma ética. «Entrega el cambio. Entrega un paquete integral de ética que use las investigaciones para luego entregar cambio», dijo.
El comentario llega mientras los demócratas mantienen ventaja rumbo a las elecciones intermedias. Fox News citó proyecciones en la Cámara que les darían 215 escaños frente a 201 para los republicanos, con solo tres victorias adicionales en 19 distritos en juego para alcanzar la mayoría.
Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara, tampoco quiso comprometerse con un juicio político. A NBC le dijo en junio que su foco sería «hacer la vida más asequible para el pueblo estadounidense» y «hacer bajar el alto costo de vida».
Emanuel, exalcalde de Chicago y exjefe de gabinete de Barack Obama, también aparece como una figura con proyección hacia 2028, según la propia cobertura de Fox.
La lectura es clara: incluso dentro del Partido Demócrata hay conciencia de que el circo del impeachment puede salir caro. La casta de Washington siempre cree que el aparato estatal puede resolverlo todo con más espectáculo, pero el votante común suele exigir otra cosa: orden, resultados y menos teatro.
Otra vez la doble vara. Cuando el partido necesita parecer moderado, habla de ética y de costo de vida; cuando huele poder, la tentación vuelve a ser usar las instituciones como arma política. Que no te lo cuenten: si la prioridad es la gente, primero va la gestión; si la prioridad es la revancha, lo demás es relato.


