Semanas atrás, el diputado republicano Luis Fernando Sánchez le exigía «prudencia» a Paulina Núñez, presidenta del Senado y militante de Renovación Nacional. La tensión era palpable: en republicanos la percibían como una voz crítica del propio gobierno desde la testera del Senado. Esta semana, ese clima cambió de forma inesperada.
Núñez encabezó una mesa de diálogo en torno a la megarreforma del gobierno de José Antonio Kast y logró un acuerdo puntual con el Partido Por la Democracia (PPD) en materia de invariabilidad tributaria. El resultado reforzó la iniciativa del Ejecutivo y, de paso, generó un efecto colateral que los republicanos celebran en voz alta: quebrar a la oposición.
La grieta quedó expuesta de forma inmediata. El acercamiento del PPD al gobierno desató un enfrentamiento público entre la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, y la senadora Daniella Cicardini, del mismo partido. La izquierda, que en la Cámara Baja se había negado en bloque a negociar, ahora muestra sus costuras.
Los elogios desde republicanos llegaron sin ambigüedad. «Son valiosos los esfuerzos que ha hecho la presidente del Senado para alcanzar un acuerdo más amplio. Esa oportunidad no la tuvimos en la Cámara de Diputados», afirmó el diputado Agustín Romero, presidente de la comisión de Hacienda. El diputado Juan Irarrázaval fue más lejos: «Personalmente, agradezco, y sé que el gobierno también valora infinitamente su intercesión». El propio presidente del Partido Republicano, el senador Arturo Squella, celebró el esfuerzo por llegar a un acuerdo con el PPD y llamó a otras bancadas a sumarse.
En la Cámara, la oposición en bloque rechazó cualquier entendimiento, pero el Ejecutivo sacó adelante el proyecto de forma holgada con los votos del Partido De la Gente. En el Senado, el escenario apunta a un resultado similar, ahora con más respaldo.
No todo es armonía en el bloque de gobierno. La UDI mantuvo sus críticas: la jefa de bancada de diputados de ese partido, Flor Weisse, tildó de «ingenua» la estrategia de Núñez y advirtió que el acuerdo en un punto no garantiza apoyo al resto del proyecto. Republicanos, en cambio, optaron por distanciarse de ese tono, en línea con el llamado que el propio Kast hizo el lunes en Cerro Castillo: evitar conflictos dentro del oficialismo tras semanas de tensión por la acusación constitucional contra Nicolás Grau.
Que no te lo cuenten. El acuerdo con el PPD no es una concesión ideológica: es una maniobra que refuerza el proyecto, divide a la oposición y obliga a la izquierda a mirarse al espejo. La megarreforma avanza porque el gobierno apostó por negociar desde una posición de fuerza, no de debilidad. El libre mercado y la invariabilidad tributaria como ancla de inversión no se defienden solo con votos propios; se defienden construyendo mayorías. Esa es la lección que algunos en Chile Vamos todavía parecen resistirse a aprender.



