El vicepresidente electo de Colombia, José Manuel Restrepo, aterrizó en Washington con una misión clara: consolidar el respaldo del gobierno de Donald Trump al proyecto político del presidente electo Abelardo De La Espriella.
Restrepo lo anunció él mismo en X: «¡Rumbo a Washington! Arranca nuestro camino para la misión de la patria milagro en Estados Unidos. Esto, bajo el liderazgo del presidente @ABDELAESPRIELLA y en cumplimiento de nuestra agenda institucional».
El viaje no es un gesto protocolar. Llega justo después de que el Escudo de las Américas —iniciativa impulsada por Trump— publicara una declaración conjunta respaldando la victoria de De La Espriella en las urnas y advirtiendo con precisión quirúrgica contra quienes intentan enturbiarlo. El secretario de Estado Marco Rubio fue quien compartió el comunicado.
El texto no dejó margen de interpretación: «Observamos con profunda preocupación las recientes declaraciones y acciones que, sin fundamentos debidamente fundamentados, ponen en duda la integridad del proceso electoral en la República de Colombia y generan incertidumbre respecto al normal desarrollo de la transición institucional».
Y remató con una definición de Estado de derecho que el petrismo debería leer dos veces: «Ignorar los resultados proclamados oficialmente por dichas autoridades constituye un grave desacato a la voluntad popular y a los principios que sustentan el Estado de derecho».
De La Espriella derrotó en las urnas al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda. Trump no ha ocultado su apoyo desde que se conoció el resultado. La visita de Restrepo busca convertir ese respaldo en agenda institucional concreta antes del traspaso de mando.
Lo que está en juego es más que una gira diplomática.
Colombia lleva años bajo un gobierno que apostó por el aislamiento de Washington, la retórica antiempresa y la erosión del Estado de derecho como palanca política. La victoria de De La Espriella abre una ventana para reorientar esa trayectoria: inversión, orden, certeza jurídica. El hecho de que el primer movimiento del equipo entrante sea consolidar la alianza con la administración Trump —y no con los foros del progresismo multilateral— dice todo sobre la dirección del cambio.
Que no te lo cuenten: la presión para cuestionar la elección no viene de la ciudadanía colombiana; viene del aparato que pierde el poder. El Escudo de las Américas lo nombró. Restrepo ya está en Washington. La patria milagro arranca con el viento a favor.



