El régimen tiene un nuevo pretexto. Después del fraude de 2024, después de la represión, después de los presos políticos, ahora el chavismo agita los terremotos del 24 de junio para enterrar cualquier conversación sobre elecciones. El presidente de la Asamblea Nacional de mayoría chavista, Jorge Rodríguez, lo dijo sin rodeos: «no es momento para pensar en elecciones».
Rick Scott no se lo compró.
El senador republicano por Florida fue directo durante una entrevista con el periodista Jorge Agobián: «Los terremotos no son una razón para retrasar la fecha de unas elecciones, así que no hay ningún motivo para frenar este proceso». Sin matices, sin diplomacia de sala de espera.
Scott fue más lejos. Cuestionó a las figuras que hoy operan el aparato de poder en Caracas. Según el senador, Delcy Rodríguez es «parte del régimen de Maduro que reprimió al pueblo de Venezuela» y, junto a Diosdado Cabello, solo busca «ganar tiempo para consolidar su poder». Por eso, en su opinión, ninguno de los dos merece reconocimiento de la comunidad internacional.
El marco que plantea Scott es el de siempre, pero con urgencia renovada: liberación de presos políticos, fin de la represión y convocatoria de elecciones con garantías reales. «Necesitamos que se ofrezca una fecha, necesitamos que se anuncie pronto, necesitamos tener elecciones», subrayó.
El senador también reveló que mantiene comunicación permanente con el presidente Donald Trump y con el secretario de Estado Marco Rubio sobre Venezuela, aunque reconoció una diferencia de ritmo: su posición sobre la velocidad de la transición es «un poco más rápida que la de ellos».
Eso es notable. No es una ruptura, pero sí una señal de que dentro del propio bloque republicano hay quienes consideran que Washington puede y debe apretar más.
El relato se cayó solo. El chavismo lleva décadas reciclando emergencias —económicas, sanitarias, sísmicas— para postergar lo único que nunca ha podido controlar del todo: la voluntad popular expresada en urnas limpias. Cada catástrofe se convierte en coartada; cada coartada, en meses ganados. Scott lo nombra con precisión quirúrgica: ganar tiempo para consolidar poder. Eso no es gobernar una crisis; eso es administrarla en beneficio propio.
La pregunta que queda sobre la mesa no es si habrá elecciones, sino cuánta presión está dispuesta a sostener Washington. Que un senador republicano con línea directa a Trump y Rubio declare públicamente que su posición es más dura que la de ellos no es un detalle menor. Es una advertencia al régimen y, también, un recordatorio a la Casa Blanca de que el reloj no puede correr indefinidamente a favor de Caracas.



