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Rubio firmó el memorando, Coral voló deportado: el activista petrista que eligió el sueño americano y perdió

El secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio invocó razones de política exterior para expulsar al aliado de Petro. El senador electo Germán Rodríguez no tuvo piedad: «Si decides vivir bajo las reglas de una democracia, asumes las consecuencias».
Imagen ilustrativa
viernes 17 de julio de 2026

Franklin Humberto Coral Garrido, conocido como «Beto» Coral, aterrizó en la base militar de Catam, en Bogotá, en la noche del 16 de julio de 2026, a bordo de un vuelo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. En el mismo avión viajaban otros colombianos deportados, incluidos 11 menores de edad. El activista político, figura cercana al petrismo, fue recibido por funcionarios de la Cancillería y por la canciller Rosa Villavicencio, quien gestionó su retorno tras la decisión de Coral de desistir de su solicitud de asilo político.

Detrás de la deportación hay un documento que lo dice todo. Un memorando firmado por Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, fechado el 16 de junio de 2026 y dirigido al secretario de Seguridad Nacional, instruyó a las autoridades a «facilitar la salida de Coral Garrido de los Estados Unidos, incluida su deportación, según sea necesario». Rubio argumentó en el texto que «la presencia y entrada de Franklin Humberto Coral Garrido tendrían consecuencias potencialmente graves y adversas para la política exterior de los Estados Unidos y comprometerían un interés imperioso de política exterior». El documento invocó las secciones 237(a)(4)(C) y 212(a)(3)(C) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. La revelación fue de Caracol Radio.

El historial migratorio de Coral no admite ambigüedad. Ingresó a Estados Unidos en 2015 con una visa B1/B2 de turismo y negocios, válida por seis meses. Según el Departamento de Seguridad Nacional, permaneció en el país cerca de 10 años sin regularizar su situación migratoria. La renuncia al trámite de asilo fue la pieza final que permitió a las autoridades concretar su salida.

Al pisar suelo colombiano, Coral declaró: «Primero que todo, la dignidad. He renunciado a cualquier posibilidad de un asilo político en los Estados Unidos». Y remató con una frase para el archivo: «Las ideas nunca se encarcelan». Anunció que continuará su actividad política desde Colombia.

El senador electo Germán Rodríguez, mayor retirado de la Infantería de Marina y congresista electo por el partido Salvación Nacional, no esperó ni un día para pronunciarse. A través de X, señaló que Coral «terminó siendo reportado por un presunto uso indebido de las libertades y mecanismos que ofrece ese país» y apuntó la contradicción de fondo: «Beto Coral no escogió vivir en Cuba o Venezuela. Escogió el sueño americano y establecerse en Estados Unidos». Su conclusión fue quirúrgica: «Si una persona decide vivir bajo las reglas de una democracia, también debe asumir las consecuencias cuando esas reglas se incumplen».

El relato se cayó solo. Un activista que pasó una década bajo la bandera del antiimperialismo yanqui vivió casi 10 años en territorio estadounidense sin regularizar su estatus, y necesitó que la cancillería del gobierno al que apoya gestionara su regreso. Washington aplicó sus propias reglas. Ni más ni menos. Lo que el petrismo llama persecución política, el resto del mundo llama consecuencias. Que no te lo cuenten.

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