Aryna Sabalenka, número uno del mundo en el tenis femenino, no esquivó la pregunta. Durante su conferencia de prensa en el Abierto de Canadá en Montreal, la tenista bielorrusa se pronunció a favor de la nueva política de elegibilidad transgénero de la WTA, que incluye un requisito de prueba genética.
«Es realmente importante mantener la justicia en nuestro tour», declaró Sabalenka sin rodeos. Nada de evasivas, nada de respuestas diplomáticas vacías: una postura clara de la mejor jugadora del planeta.
La declaración encendió las redes sociales en menos de 24 horas. La mayoría aplaudió tanto a Sabalenka como a la WTA por intentar preservar la integridad competitiva del circuito femenino. Pero una minoría ruidosa no tardó en responder con el recurso de siempre: tildar a quienes defienden el sentido común de «intolerantes» y «transfóbicos».
Según la cobertura del caso, varios usuarios en redes señalaron que más deportistas de élite deberían sentirse con libertad de expresar opiniones sobre un asunto tan arraigado en la lógica básica como que los hombres biológicos no deberían competir en deportes femeninos. Otros apuntaron que resulta llamativo que en menos de dos décadas lo que era un hecho casi universalmente aceptado se haya convertido en un tema de debate encendido.
Quienes argumentan que no existe ningún hombre biológico compitiendo actualmente en el tenis profesional femenino pasan por alto, según voces recogidas en la cobertura, que el problema es especialmente agudo a nivel juvenil y de preparatoria, donde la infiltración de varones biológicos en competencias femeninas es, según las fuentes, notablemente alta.
El debate no es nuevo. La discusión en torno a Sophie Cunningham en la WNBA generó una dinámica similar: primero el silencio institucional, luego la presión sobre quien se atreve a hablar.
Lo que está en juego es más que una regla de elegibilidad. La WTA, al implementar una política con base en prueba genética, está reconociendo algo que la burocracia deportiva internacional ha evitado nombrar durante años: que el sexo biológico importa en la competencia atlética. Que una institución deportiva femenina defienda a sus propias atletas no debería ser noticia; el hecho de que lo sea dice todo sobre el estado del debate.
Sabalenka no necesitó un comunicado de prensa ni un equipo de relaciones públicas. Le preguntaron, respondió. Eso, en el clima actual, ya es un acto de valentía. Que no te lo cuenten.



