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Opinión · Análisis

San Diego convierte el 4 de julio en un festival de identidades y entierra la bandera

La Junta de Supervisores del condado votó alinear el evento del 250 aniversario de la independencia con metas de «equidad y justicia racial». El e pluribus unum al revés.
Imagen generada con IA
sábado 4 de julio de 2026

El condado de San Diego no celebrará el 4 de julio como el resto del país. Lo convertirá en un espectáculo de política identitaria de tres horas, según publicó en redes sociales el alcalde de El Cajon.

La Junta de Supervisores del condado votó este año para alinear el evento del Día de la Independencia con objetivos de «equidad y justicia racial». El programa incluye: una «bendición íntima tribal de bienvenida a la tierra», una invocación tribal, los himnos nacional americano y nacional negro, y relatos comunitarios de comunidades latinas, asiáticas, nativas hawaianas, isleñas del Pacífico, LGBTQIA+ y afroamericanas.

Nada de fuegos artificiales en el centro del relato. Nada de banderas. Nada de unidad.

Y todo esto en el año 250 de la nación.

Lo que el condado de San Diego ha construido no es una celebración: es una auditoría identitaria del país. Cada grupo recibe su cuota de protagonismo; la nación como tal, ninguna. El e pluribus unum —de muchos, uno— ejecutado al revés: de uno, muchos fragmentos en competencia.

El articulista del New York Post lo dice sin rodeos: el programa «es divisivo, tiene un momento pésimo y es irrespetuoso hacia la nación, sus valores fundacionales y las Fuerzas Armadas que han luchado y a veces muerto» para defender los derechos que, según el texto, «la multitud del agravio da por sentados».

No es sátira. Está en el calendario oficial del condado.

El dato más revelador no es el programa en sí: es el lugar. San Diego no es Berkeley ni San Francisco. Era, hasta hace poco, territorio moderado. Que la burocracia local haya llegado hasta aquí muestra hasta dónde ha avanzado el adoctrinamiento institucional en California.

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Desde Contrafuego, el diagnóstico es sencillo: cuando el aparato estatal toma una fecha de unidad nacional y la convierte en plataforma para la jerarquía de víctimas, no está celebrando a la nación; está reemplazándola. Los valores de 1776 —libertad individual, gobierno limitado, igualdad ante la ley— no necesitan ser «revisados» ni «contextualizados». Necesitan ser defendidos.

Los contribuyentes del condado financian este espectáculo. Los votantes del condado tienen la palabra en la próxima elección. Que no se les olvide.

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