Los demócratas del Senado derrotaron el miércoles dos iniciativas que apuntaban a la asequibilidad y a la confianza pública en Washington. Una era la Ratepayer Protection Act, que habría creado un marco regulatorio para que los grandes centros de datos de inteligencia artificial cubrieran sus propios costos de energía en lugar de trasladarlos a los clientes. La otra era la Stop Insider Trading Act, que buscaba prohibir que los miembros del Congreso compraran acciones individuales mientras están en funciones.
La primera cayó por 57-43 y la segunda por 53-47. Ambas necesitaban 60 votos para superar el filibusterismo. En la votación sobre los centros de datos, cuatro demócratas se apartaron de la línea de Schumer: Amy Klobuchar, Jon Ossoff, Raphael Warnock y Maggie Hassan respaldaron el proyecto.
Schumer calificó la propuesta sobre centros de datos como un «proyecto de mensajes sin dientes» y dijo que era «un fraude». También llamó a la iniciativa sobre acciones un «farol teatral» y tildó la enmienda sobre identificación de votantes de «pastilla venenosa». Por su parte, Warren dijo que era una «tontería» y que quería algo con sustancia.
Republicanos como Husted defendieron ambos textos como proyectos «de sentido común» y «bipartidistas». Husted afirmó que bajar los costos de energía, exigir identificación con foto para votar y prohibir el comercio de acciones para miembros del Congreso podrían ser victorias bipartidistas, y acusó a los demócratas de ser los únicos que se interponen.
El momento político importa. CNBC señaló que los republicanos probablemente usarán estas votaciones en campaña, mientras el Senado se prepara para recesar y los legisladores volverán a sus estados antes de las elecciones de medio término de 2026. En medio de la pelea, el costo de la electricidad y la percepción de privilegio en el Congreso quedaron otra vez en el centro del choque.
Aquí está la clave: cuando el aparato político bloquea medidas que apuntan a costos concretos para los contribuyentes y consumidores, el mensaje que recibe el votante es simple. La burocracia y la casta legislativa prefieren discutir etiquetas antes que corregir incentivos. El resultado es el de siempre: más relato, menos alivio en la factura.
Y en Washington, esa doble vara ya no se puede esconder tan fácil. Si los centros de datos consumen más energía y los ciudadanos pagan más, alguien termina cubriendo la cuenta. Si el Congreso se niega a tocar sus propios privilegios, el problema no es técnico. Es político.



