Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado por Nueva York, aseguró que buscará la reelección para seguir al frente de la bancada.
«Estoy postulándome para la reelección como líder. Punto», dijo Schumer a Politico.
Pero varios candidatos demócratas que compiten en contiendas que podrían definir el control del Senado no están dispuestos a darle ese respaldo. Adam Hamilton, quien ha ganado terreno frente al senador Roger Marshall en Kansas, dijo esta semana que no apoyará a Schumer ni en una mayoría ni en una minoría.
«Y sin faltarle el respeto, creo que necesitamos ideas nuevas. Necesitamos ideas nuevas, necesitamos liderazgo fresco», dijo Hamilton a CBS News. También añadió que apoya límites de mandato y límites de edad.
La postura tampoco es clara en otros frentes. Abdul El-Sayed en Michigan y la vicegobernadora Peggy Flanagan en Minnesota han evitado comprometer su apoyo a Schumer, incluso después de ganar sus primarias, pese a que ambos recibieron dinero del Senate Majority PAC, el comité de acción política estrechamente alineado con el líder demócrata.
Schumer lleva al frente del bloque demócrata desde 2017. Según la cobertura citada, confía en que los demócratas ganarán el Senado y cree que tienen «viento a favor» de cara a las elecciones de noviembre.
También dejó claro que, gane o pierda, planea conservar su puesto como principal demócrata en la cámara alta.
La grieta importa porque no se trata solo de nombres o egos: se trata de quién controla el aparato partidista, los recursos y el mensaje. Cuando los propios candidatos que reciben dólares del ecosistema de Schumer rehúsan cerrarle filas, queda a la vista una verdad incómoda para la casta política: el relato de unidad se rompe en cuanto toca pagar el costo real del poder.
Otra vez la doble vara. Piden disciplina, piden lealtad y piden dinero de los contribuyentes y de los donantes; pero cuando llega la hora de respaldar al jefe, algunos prefieren hablar de «ideas nuevas» y «liderazgo fresco». Que no te lo cuenten: la pelea no es solo por un cargo, sino por el control de una estructura que vive de repartir influencia.


