Estados Unidos sumó 29,000 empleos en septiembre, muy por debajo de la estimación de 84,000 y también por debajo del aumento revisado de 133,000 del mes anterior, informó la Oficina de Estadísticas Laborales.
La tasa de desempleo subió a 4.2% desde 4.1%. Y las revisiones no ayudaron: julio y agosto fueron recortados en un total de 60,000 puestos, lo que deja un promedio de 45,000 empleos creados al mes en los últimos 12 meses.
El informe también confirma una economía que sigue generando trabajo, pero a un ritmo más frágil. La salud aportó 17,000 puestos, aunque por debajo de su promedio de 33,000 al mes en el último año. La construcción añadió 11,000. La manufactura sumó 9,000 y acumula 72,000 desde su mínimo reciente de diciembre de 2025.
Pero el deterioro se notó en otras áreas. Los servicios de información perdieron 10,000 empleos. La industria financiera recortó 7,000. Los servicios profesionales y empresariales cayeron en 9,000.
También hubo señales incómodas para los trabajadores. El salario promedio por hora subió solo 5 centavos en septiembre, a una tasa anual de 3%, por debajo de las estimaciones recientes de inflación de 3.4%. Además, 4.5 millones de personas trabajaron a tiempo parcial por razones económicas. Y casi 2 millones aparecieron como desempleados de largo plazo, es decir, sin trabajo por 27 semanas o más pese a buscar activamente.
Economistas atribuyen parte de la relativa estabilidad del desempleo a la jubilación de los Baby Boomers y a la estricta política de deportaciones de Trump, factores que han mantenido baja la entrada al mercado laboral. Mientras tanto, los inversores siguen viendo probable otro aumento de un cuarto de punto en diciembre.
Que no te lo cuenten: cuando el empleo pierde fuerza, la burocracia monetaria respira, pero el trabajador no celebra. Si los salarios corren por detrás de la inflación, el golpe lo paga la familia, no el relato oficial.
Otra vez la doble vara. Se vende como fortaleza un mercado que ya muestra fatiga en sectores clave, más empleo parcial y más desempleo de largo plazo. La señal es clara: sin crecimiento real de productividad y sin libre empresa sin trabas, el aparato estatal solo administra la desaceleración.


