El miércoles, el Senado de Estados Unidos fue escenario de uno de los discursos más crudos de la legislatura actual. Tim Sheehy, senador republicano por Montana y oficial Navy SEAL condecorado, tomó la palabra para defender la guerra contra Irán y arremeter contra los colegas que, a su juicio, justifican al régimen iraní.
Sheehy tiene credenciales que pocos en esa cámara pueden igualar: lideró el Pelotón Bravo del SEAL Team TWO en combate intenso, apoyó a la 101.ª División Aerotransportada y formó parte de una fuerza de asalto urbano. Ganó la Estrella de Bronce con Valor y el Corazón Púrpura.
El discurso arrancó con una imagen personal y difícil de ignorar. «Ayer vimos al presidente de los Estados Unidos y a otros en la Base Aérea de Dover presidiendo una ceremonia que es muy sagrada para quienes servimos», dijo Sheehy. «Yo participé en muchas de esas ceremonias, incluyendo cargar amigos míos fuera del avión. Uno de ellos está en esta pulsera. Fue partido en dos por un EFP iraní».
Desde ahí, el senador fue directo al hueso. Reconoció el argumento demócrata —que esta es «una guerra de elección»— pero lo dio vuelta: «Es una guerra de elección que fue iniciada por una banda de terroristas lunáticos radicales que tomaron una nación hermosa hace 47 años». Desde ese momento, afirmó, el régimen no liberó a su pueblo ni aprovechó sus reservas de petróleo para construir escuelas. Lo tomó para asesinar a los suyos y exportar su ideología.
Las acusaciones que lanzó no fueron abstractas. Mencionó el atentado a los cuarteles de 1983, donde, según sus palabras, «280 marines fueron vaporizados en una mañana». Citó el caso de William Buckley, oficial militar estadounidense secuestrado en 1985 y despellejado vivo frente a una cámara por los iraníes, según la fuente. Describió prisioneros capturados en Irak y asesinados con taladros eléctricos a través de sus cerebros, al margen de la Convención de Ginebra porque sus captores eran terroristas, no ejércitos reconocidos.
Luego fue por los legisladores opositores a la guerra: «El hecho de que nos sentemos aquí y escuchemos a funcionarios electos de este país defender a estos lunáticos que quieren que todos estemos muertos... eso es lo que acabo de escuchar».
Sobre el historial presidencial frente a Irán, Sheehy fue contundente: «Ames a Donald Trump o lo odies, ames sus políticas o las odies: nunca ha habido un solo presidente que se haya puesto firme ante Irán y haya devuelto el golpe». Cuarenta y siete años de ataques sin respuesta, dijo, es lo que llevó al momento actual.
Cerró con un llamado a sus colegas: que piensen en los soldados desplegados ahora mismo, «de pie en ese muro con un arma cargada», antes de tomar posiciones que, según él, los apuñalan por la espalda.
Eso es lo que está en juego en este debate: si la clase política tiene la honestidad de llamar al régimen iraní por lo que es, o si prefiere el confort del relativismo mientras otros cargan el costo con su sangre. El discurso de Sheehy no necesitó eufemismos. Tampoco los necesita la realidad que describió.



