La Mesa del Senado de Chile decidió este martes derivar a la Comisión de Ética el enfrentamiento entre las senadoras Fabiola Campillai (Ind.) y Camila Flores (RN). El acuerdo fue adoptado por los comités parlamentarios. Lo firmaron la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), y el vicepresidente Iván Moreira (UDI).
La declaración oficial reconoce que la libertad de expresión es un pilar parlamentario. Pero aclara que «deben ir acompañados de un trato respetuoso que contribuya a fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones democráticas». Traducción: lo que pasó en los pasillos del Congreso no fue un debate. Fue un espectáculo.
El origen del choque es la llamada Bancada por el Indulto General. Ese bloque parlamentario impulsa un proyecto para indultar a integrantes de las Fuerzas Armadas, Carabineros, la PDI, Gendarmería y ciertos civiles condenados por hechos del estallido social de 2019. Campillai perdió la vista al recibir el impacto de una bomba lacrimógena durante esas manifestaciones. Se ha opuesto sistemáticamente a cualquier indulto para los condenados por esos hechos.
Al cruzarse con Flores en los pasillos, Campillai le reprochó, según testigos presentes, la investigación por presunto fraude al Fisco que enfrenta la senadora de RN. Flores respondió acusando que Campillai contrató a un «yerno delincuente». Ahí no paró. Campillai recordó la filtración de videos íntimos en que aparece Flores. Flores, a su vez, acusó a su par de haber llegado al Senado «haciéndose la víctima» y la calificó de «deficiente intelectualmente». Todo esto ocurrió frente a parlamentarios, funcionarios y periodistas.
La Comisión de Ética deberá pronunciarse ahora sobre los hechos. La Mesa hizo un llamado a «privilegiar el diálogo, la argumentación y el respeto institucional».
Que no te lo cuenten. Dos senadoras de la República ventilaron investigaciones penales, videos íntimos y agravios personales en los pasillos del Congreso. No en redes sociales. En el edificio donde se hacen las leyes. El relato se cayó solo: la misma clase política que exige respeto institucional al ciudadano común es incapaz de guardar la compostura ante las cámaras. La Comisión de Ética puede pronunciarse cuanto quiera. El daño a la confianza pública ya está hecho. Y lo hicieron ellas mismas.



