La senadora independiente Alejandra Sepúlveda no se guardó nada. En entrevista con La Tercera, emplazó directamente al presidente José Antonio Kast. Le pidió que saque «de la banca a los jugadores más importantes y que saben de política».
El blanco fue el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Según Sepúlveda, él condujo las negociaciones de la megarreforma. Y lo hizo mal. «Es un ministro que no tiene experiencia política», dijo. «No entiende lo que puede ocurrir si no tienes una solidez democrática en esto».
La senadora también criticó la velocidad. «Esto de acelerar y acelerar rápidamente sin tener un proyecto que te permita madurar las ideas», señaló. El resultado: una ley aprobada en el Senado con márgenes acotados, la madrugada del jueves.
Sepúlveda dejó en claro a quiénes debería haber puesto Kast al frente. Nombró al biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado. Y al ministro de la Segpres, García Ruminot. «Alvarado entiende los códigos y sabe cómo se tiene que producir el diálogo», afirmó. «El gobierno se equivocó en quién lideró políticamente esta reforma».
La oposición, en cambio, sí se coordinó. Sepúlveda lo reconoció. «Hubo una respuesta monolítica», dijo. Todos votaron como habían acordado. Se repartieron la defensa de indicaciones. «Una coordinación muy fina», la llamó.
Pero también hizo autocrítica. Admitió que la oposición entregó propuestas «con distintos énfasis y en distintos tiempos». Eso debilitó la negociación. Reconocerlo no es menor.
Aquí el diagnóstico es sencillo. Un gobierno de libre mercado eligió al técnico más puro para liderar una batalla política. Quiroz sabe de números. La política legislativa es otro deporte. El resultado lo dice todo: márgenes acotados, sabor amargo y una oposición que se fue más unida que el oficialismo.
Kast tiene ministros con experiencia. Los tiene en la banca. La pregunta que queda en el aire es simple: ¿cuántas reformas más necesita perder puntos innecesarios antes de alinear al equipo correcto?



