La defensa de la soberanía nacional y el rechazo al intervencionismo de Estados Unidos se han vuelto un cliché. Aun así, ese discurso sigue dando réditos a Claudia Sheinbaum, que mantiene una aprobación estable en los 60 altos, de acuerdo con la última encuesta de aprobación de El Financiero.
El problema es que la imagen no tapa la realidad. La misma fuente señala que su manejo de la seguridad y el combate al crimen organizado tiene las peores evaluaciones. Y el deterioro se nota afuera del discurso: un funcionario estadounidense dijo que en Washington siguen aplicando presión sobre figuras de Morena que habrían colaborado con el crimen organizado y con sus «enemigos foráneos».
En solo los últimos 10 días hubo una llamada con Trump, donde hablaron de comercio y de los narcopolíticos. Después, Sheinbaum reaccionó en Culiacán con un discurso que acusó a Estados Unidos de haber provocado la violencia en Sinaloa por la captura de Ismael El Mayo Zambada. Luego, Sara Carter, la zarina de las drogas de la Casa Blanca, retomó el tema en una entrevista con N+ Univisión, y Trump volvió a mencionarlo en su discurso ante Naciones Unidas. El embajador Ron Johnson remató esa línea al aplaudir la defensa de la soberanía, pero pidió extender esos principios contra el crimen organizado.
La realidad interna tampoco ayuda. El INEGI dio a conocer la Encuesta Intercensal 2025 y reveló que un millón 600 mil personas tuvieron que cambiar de residencia entre 2020 y el año pasado, por la violencia y la inseguridad. La presidenta pidió revisar la encuesta y las preguntas.
También apareció otro dato incómodo: la inflación mostró el aumento de precios de la cebolla, que entre enero y septiembre de este año pasó de un rango por kilo de 25 a 32 pesos, a otro de 41 a 70. El texto apunta que la violencia pesa sobre la producción, porque la cebolla se cultiva principalmente en Chihuahua, Guanajuato, Zacatecas, Baja California y Michoacán.
El caso más claro es el campo. El gobierno federal, dice la fuente, ha perdido soberanía ante el intervencionismo de los cárteles en sectores productivos y mercados. Se menciona el aguacate y el limón en Michoacán, además de alteraciones en Chilpancingo y San Cristóbal de las Casas. También se cita la construcción, con Valle de Bravo como otro punto afectado.
La doble vara es evidente. Se habla de soberanía, pero el control territorial y económico se va erosionando. Cuando el Estado tolera que otros manden en precios, rutas y producción, la bandera nacional se convierte en un decorado. Que no te lo cuenten.


