El precio de los alimentos no para de subir. Y aun así, millones de hogares tiran a la basura parte de lo que compraron esa misma semana. Según un artículo del chef, restaurador y concejal de Huntington Beach Gruel, republicado por Daily Wire, el problema rara vez es el presupuesto: es el método de almacenamiento.
Gruel identifica siete alimentos que la mayoría guarda mal.
Fresas. El error más común: lavarlas todas al llegar a casa. La humedad acelera el moho. La solución es simple: lavar solo lo que se va a comer en el momento, y retirar de inmediato cualquier pieza dañada antes de guardar el resto.
Hierbas frescas. El perejil y el cilantro duran mucho más si se recortan por la base y se colocan en un vaso con agua dentro del refrigerador. La albahaca, en cambio, prefiere el mostrador, con los tallos en agua, como un ramo de flores.
Pan. El refrigerador frena el moho, pero acelera el endurecimiento. Si se va a consumir pronto, mejor en la encimera bien envuelto. Si no, al congelador en rebanadas: directo al tostador cuando se necesite.
Papas y cebollas. Guardarlas juntas es un error clásico. Las cebollas liberan humedad y gases que deterioran las papas más rápido. Cada una necesita su propio espacio fresco, oscuro, seco y ventilado.
Cebollas y ajo enteros. El refrigerador es un ambiente húmedo; las cebollas y el ajo enteros prefieren la circulación de aire. Una canasta de malla o una bolsa de papel ventilada funcionan mejor. La regla cambia una vez que se cortan: ahí sí van al frío.
Carne. Si se va a cocinar al día siguiente, Gruel recomienda sacarla del empaque del supermercado, salpimentarla con sal, colocarla sobre una rejilla y dejarla destapada en el refrigerador durante la noche. El exterior se seca, y eso mejora el dorado al cocinar.
Queso. El plástico apretado atrapa humedad y arruina la textura. Lo ideal es papel para queso, o en su defecto papel pergamino o encerado, y luego colocarlo sin apretar dentro de un recipiente. Para cocinar, el bloque entero supera al queso preenvasado rallado: mejor sabor, mejor fusión.
El artículo concluye que el refrigerador no es una caja mágica que detiene el envejecimiento de los alimentos: algunos necesitan frío, otros necesitan aire, otros solo oscuridad.
Desde Contrafuego lo leemos así: en un entorno donde el presupuesto familiar se aprieta cada mes, desperdiciar comida es un impuesto silencioso que uno mismo se cobra. La libre empresa te da acceso a mejores productos; el sentido común te permite aprovecharlos. Nadie va a venir a salvarte del moho en las fresas. Que no te lo cuenten.

