Chad Robichaux cuenta que después de ocho despliegues en Afganistán regresó con trastorno de estrés postraumático grave, ataques de pánico, ira y una oscuridad que casi lo consume. Dice que lo que le salvó la vida no fue la dureza, ni el entrenamiento, ni la fuerza de voluntad. Fue Jesucristo.
Desde ahí arma el eje de su texto: la historia de Nick Vujicic como ejemplo de resiliencia. Vujicic nació sin brazos ni piernas. Según Robichaux, ha hablado ante más de mil millones de personas en 80 países. También afirma que, por su mensaje, más de 1.5 millones de personas han llegado a Cristo.
Robichaux recuerda que los padres de Vujicic quedaron devastados al verlo nacer sin extremidades. Su familia había huido de la Yugoslavia comunista. Su padre era pastor y plantó una iglesia en Australia. Aun así, dice Robichaux, atravesaron el miedo con oración y fe.
Vujicic creció y se convirtió en uno de los primeros niños con discapacidad física en asistir a una escuela pública en Australia. A los 17 años dio su primera charla motivacional. Unos dos años después, tras hablar ante varios cientos de estudiantes de secundaria, una joven le dijo llorando que nadie le había dicho nunca que la amaban. Robichaux sostiene que luego se cumplió la intuición de esa joven: que Vujicic llevaría a muchas personas a Cristo.
El mensaje que repite Vujicic es directo: si él puede vivir una vida plena, cualquiera puede. Su frase, citada por Robichaux, resume todo: «Cuando no obtienes un milagro, todavía puedes ser uno».
Robichaux enlaza esa idea con su propia obra. Dice que en la Fundación Mighty Oaks han visto muchos milagros y vidas restauradas. Afirma que su misión es ayudar a veteranos y a primeros respondedores con estrés postraumático, y que la resiliencia se construye antes de la crisis, no durante ella.
También informa que están regalando 4,000 entradas a veteranos y sus familias para ver «No Limbs, No Limits», la película sobre la vida de Vujicic que se estrenó el fin de semana pasado en cines de todo el país.
La lección de fondo es sencilla. La cultura del victimismo vende rendición. Robichaux propone otra cosa: fe, disciplina y propósito. Y eso importa porque un país fuerte no se sostiene con burocracia emocional ni con discursos vacíos, sino con personas capaces de levantarse cuando la vida golpea. Que no te lo cuenten.



