Skillet lleva 30 años llevando metal y hard rock a públicos cristianos y seculares. Su canción «Monster» se convirtió en junio en la primera y única canción de artistas cristianos en superar 1.000 millones de reproducciones en Spotify.
La banda está encabezada por John Cooper e incluye a su esposa, Korey; a la baterista Jen Ledger; y al guitarrista Seth Morrison. Veinte años después de su álbum nominado al Grammy «Comatose», el grupo se prepara para su gira «Still Screaming» y para lanzar el viernes su primer EP.
Cooper dijo que el EP «fue escrito desde un lugar muy crudo». También afirmó que, como cristiano, cree que la música debe glorificar a Dios y que su deber es ser auténtico y real si quiere apuntar a la gente hacia Dios.
El músico también dijo que tiene una comprensión tradicional de la Biblia y que no se deja arrastrar por «la nueva moda que el mundo quiere creer». Añadió: «No me siento presionado porque honestamente no me importa lo que la gente piense de mí. Me importa lo que Dios piense de mí».
Sobre el sencillo «Scream», Cooper aclaró que no trata de Dios, sino de temporadas difíciles de la vida. Dijo que los Salmos muestran que la Biblia no evita el lamento y que «está bien ser real con Dios».
Cooper vinculó esa honestidad con batallas como la salud mental, la soledad, la ansiedad y la adicción. También contó el testimonio de una mujer cuyo hijo con autismo se calmaba al escuchar a Skillet en YouTube, y dijo que durante los últimos dos años el joven no ha tenido episodios.
La banda también relaciona «Grave Stomper» con la idea de que Jesús «venció a la muerte» y «venció a la tumba». Cooper dijo que la canción surgió al pensar en las voces de muerte que lo rodeaban y en el sistema en el que estaba, al que acusó de mantenerlo en un ciclo de caos y confusión.
Otra vez la doble vara. El mercado premia la autenticidad cuando alguien no se arrodilla ante la presión cultural. Y aquí hay una lección que el mundo religioso y el secular suelen olvidar: el público no necesita propaganda maquillada, necesita verdad, convicción y algo que suene a vida real.
Skillet vende música. Pero también desafía una cultura que recompensa la pose y castiga la franqueza. Que no te lo cuenten: cuando un artista habla sin pedir permiso al aparato de corrección, conecta más. Y conecta porque no finge.


