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Sofía reaparece en Madrid con el mismo traje que llevó a la boda de Almeida y Urquijo

La reina emérita presidió en el Real Casino de Madrid la entrega de los Premios Sociales de la Fundación Mapfre. También recuperó el traje azul de flores que estrenó en abril de 2024 en la boda de Almeida y Teresa Urquijo.
domingo 11 de octubre de 2026

La reina Sofía volvió a presidir en Madrid la entrega de los Premios Sociales de la Fundación Mapfre, celebrada en el Real Casino de Madrid. Tiene 87 años y, según la crónica de Infobae, está a pocas semanas de cumplir 88.

Para la cita, Sofía eligió un conjunto firmado por Alejandro de Miguel. Era el mismo traje azul aciano que había usado en abril de 2024, durante la boda del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y Teresa Urquijo.

El diseño era un traje de chaqueta y pantalón confeccionado en crep. Llevaba una chaqueta entallada, con solapas clásicas y una sola abotonadura. Sobre ella destacaba un bordado de ramas y hojas, con flores en relieve 3D.

La prenda se completaba con un top de cuello redondo y un pantalón recto. Sofía optó además por pendientes discretos, anillos y un bolso de cadena fina en piel metalizada. Esta vez dejó a un lado las deportivas cómodas que la han acompañado últimamente y volvió a unos salones negros de piel, con tacón grueso y bajo.

No es la primera vez que la emérita repite vestimenta. La propia crónica recuerda que el reciclaje de prendas es una seña de identidad para ella, igual que para la reina Letizia. Y en este caso, la repetición no fue un detalle menor: fue el centro visual de una aparición que mezcló protocolo, agenda institucional y puesta en escena.

Que no te lo cuenten. Mientras buena parte de la agenda pública se pierde en gestos vacíos y burocracia, Sofía sigue ocupando espacio con un mensaje simple: reutilizar también es una forma de presencia. No hace falta disfrazarlo de propaganda. El relato se cae solo cuando una figura de la Casa Real vuelve a un acto formal con el mismo traje y sin pedir permiso al circo mediático.

Otra vez la doble vara. A unos se les exige austeridad como castigo político. A otros, cuando repiten ropa, se les vende como elegancia y coherencia. Aquí no hay milagro. Hay una lectura clara: menos pose, menos derroche y más sentido común.

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