El 24 de junio Venezuela sufrió el doble terremoto más letal en su historia reciente. El balance oficial habla por sí solo: 3.811 personas fallecidas, 16.740 heridas y 17.907 ciudadanos sin vivienda. La cifra de rescatados se detuvo en 6.462 según la última actualización oficial.
Mientras los organismos del Estado intentaban reaccionar, fue la empresa privada la que tendió el puente más urgente: la comunicación. La Embajada de Estados Unidos en Caracas informó que Starlink ha distribuido más de 1.600 kits de conectividad en las zonas afectadas para sostener las labores de rescate y la atención humanitaria.
Según la representación diplomática, el sistema satelital opera «en colaboración con operadores venezolanos» para «restablecer comunicaciones de emergencia y mantener conectadas a cientos de miles de personas». Las operadoras Digitel y Movistar incorporaron equipos de Starlink para reforzar la cobertura de sus redes móviles y habilitaron zonas de Wi-Fi gratuito en refugios temporales. Digitel explicó previamente que implementó enlaces mediante satélites de órbita baja para conectar estaciones base de telefonía móvil, una solución diseñada precisamente para cuando los fenómenos naturales destruyen la infraestructura tradicional.
La asistencia resultó crítica en La Guaira, uno de los estados más golpeados, donde los daños sobre la infraestructura dejaron interrupciones generalizadas en Internet y telefonía. La conectividad satelital actuó como respaldo para mantener operativas las comunicaciones en puntos estratégicos mientras avanzan las reparaciones convencionales.
El doble sismo del 24 de junio supera en letalidad al terremoto de Caracas de 1967 y ha desencadenado una de las mayores operaciones de asistencia humanitaria nacional e internacional desplegadas en el país.
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Que no te lo cuenten. En medio de la mayor tragedia sísmica venezolana en un siglo, la respuesta más eficaz no vino del aparato estatal que durante décadas prometió soberanía tecnológica y entregó monopolios quebrados: vino de una empresa privada con satélites en órbita baja y voluntad de actuar. Starlink no pidió permiso ideológico para conectar a los damnificados. Lo hizo.
El principio en juego es tan viejo como evidente: la libre empresa innova, escala y responde; la burocracia redacta comunicados. Cada kit satelital desplegado en La Guaira es, también, un argumento contra el relato de que el Estado puede y debe controlarlo todo. El relato se cayó solo, esta vez entre escombros.

