Steve Forbes no se anduvo con rodeos en Freedom Fest, Las Vegas. Sentado frente a Fox News Digital, el presidente y editor en jefe de la revista Forbes —candidato presidencial en 1996 y 2000— respaldó sin reservas el discurso de Trump en el Monte Rushmore sobre la amenaza comunista interna.
«Sea cual sea el nombre que le pongas —comunismo, socialismo, extremismo de izquierda, antisemitismo— es la misma enfermedad», dijo Forbes. Y citó a Abraham Lincoln: «No serán fuerzas extranjeras las que destruyan Estados Unidos. Serán cosas que hagamos internamente».
Forbes, de 78 años, señaló que la izquierda lleva décadas dominando el relato moral. «Intentan ocupar el terreno moral. Aunque destruyan vidas, aunque maten a millones bajo el socialismo o el comunismo, dicen que sus intenciones eran buenas», advirtió. Su diagnóstico es directo: no basta argumentar que la libre empresa genera más prosperidad. Hay que defenderla también como sistema moral, «basado en la libertad, en permitir que los seres humanos sean creativos, o como dijo Lincoln: mejorar tu situación en la vida».
Sobre Nueva York —ciudad que acaba de dar un giro socialista con la victoria de Mamdani— Forbes recordó que la ciudad tiene historial de elegir candidatos radicales, «incluyendo al que fue presuntamente el único miembro comunista del Congreso a finales de los años 40». Pero su lectura va más allá de la anécdota: «Mucha gente está insatisfecha», y esa insatisfacción es el caldo de cultivo que la izquierda organizada sabe aprovechar mejor que sus contrapartes.
El punto más incisivo de Forbes apunta al mecanismo de la trampa ideológica: cuando los gobiernos cometen errores y dañan las perspectivas de la gente, la narrativa dominante culpa al capitalismo y a los mercados libres. «Ayudan a destruir los mercados libres y luego dicen que la víctima es la causa del problema», resumió.
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Eso es exactamente la doble vara que el establishment progresista lleva décadas perfeccionando: primero regula, gasta y distorsiona; luego señala los escombros y exige más Estado. Forbes lo nombra con precisión quirúrgica, y Trump lo convirtió en discurso de Estado frente al Monte Rushmore.
Que no te lo cuenten: la batalla no es solo económica. Es cultural, es moral y, como Lincoln advirtió hace casi dos siglos, viene de adentro. La libre empresa no necesita disculparse; necesita voceros que se atrevan a defenderla sin complejos. Por ahora, Forbes es uno de los pocos que lo hace.



