Christa Pike sigue en el hospital tras sobrevivir a dos intentos de inyección letal, según sus abogados y la BBC. Sus letrados dicen que recibe «atención médica que le salva la vida» y que permanece en condición crítica.
Pike fue condenada a muerte por el asesinato de una compañera de clase en 1995. El intento de ejecutarla terminó mal, al punto de que sus abogados pidieron al gobernador de Tennessee, Bill Lee, que conmute la sentencia a cadena perpetua.
Bill Lee ordenó una revisión independiente de lo ocurrido. También detuvo cualquier nuevo intento de ejecutar a Pike y suspendió las demás ejecuciones previstas para este año en Tennessee.
Robin Maher, directora ejecutiva del Death Penalty Information Center, dijo que el fallo fue «completamente sin precedentes» y también pidió que Lee conmute la sentencia. Maher sostuvo que sería irresponsable someterla a otro intento de ejecución después de lo que vivió en la cámara letal.
Los abogados de Pike presentaron una moción de emergencia ante la Corte Suprema de Tennessee. Alegan que la volvieron a poner en un sufrimiento innecesario y que un nuevo intento violaría la prohibición de castigos crueles e inusuales.
Stephen Ferrell, otro de sus abogados, dijo que las drogas pudieron haberse inyectado en el músculo del brazo en lugar de una vena. Randy Spivey, por su parte, dijo que no tienen un panorama claro del pronóstico de Pike, pero que está viva.
Antes del intento de ejecución, unas 25,000 personas habían firmado una petición para pedirle a Lee que le conmutara la pena. Pike, de 50 años, habría sido la primera mujer ejecutada en Tennessee.
La escena deja al descubierto otra vez la doble vara del aparato estatal. Cuando el castigo falla, no falla en silencio: falla frente al país. Y el costo humano no lo paga la burocracia. Lo paga la persona encerrada, lo pagan las víctimas, y lo paga también la credibilidad de una justicia que promete precisión absoluta.
Que no te lo cuenten. Si el Estado no puede ejecutar sin convertir el proceso en una crisis médica y judicial, entonces el debate ya no es de épica punitiva. Es de límites, responsabilidad y competencia. El relato se cayó solo.



