Nolan Wells tenía 19 años. Apareció muerto el 6 de julio en Horn Island, una isla barrera frente a la costa del Golfo de Mississippi. Dos días antes había salido en bote con amigos. El grupo regresó al continente. Él no.
Ahora, la investigación sobre su muerte genera una ola de amenazas que ya suma tres arrestados.
El más reciente es Edward Porter, de Berwyn, Illinois. Según documentos judiciales obtenidos por el Sun Herald, Porter envió llamadas y mensajes a dos testigos el viernes pasado. Les dijo que conocía su dirección en Mississippi. Prometió ir a matar a sus familias. Amenazó con matar a «cualquier policía» que respondiera. A uno de los testigos le advirtió que lo iba a «cortar en pedazos y meter en una maleta».
Los investigadores rastrearon el número celular hasta Porter mediante una citación judicial a Boost Mobile. Ahora enfrenta un cargo federal: transmisión de comunicación amenazante en comercio interestatal con intención de matar o causar daño. La pena máxima es cinco años de prisión.
Porter es el tercero en ser acusado por este tipo de amenazas en el caso Wells.
Antes que él, Michelle Francine Edwards, de Cincinnati, Ohio, supuestamente realizó amenazas de bomba a edificios gubernamentales de Mississippi desde un número bloqueado. La Oficina del Secretario de Cancillería del Condado de George recibió 21 llamadas en ocho minutos. La voz advertía: «No salgan» y «El reloj corre». Luego llamó a la Oficina del Sheriff del Condado de Jackson y dijo: «Hay una bomba afuera».
El segundo caso fue Joseph Alfredo Vasquez Dumarce. También acusado de amenazas interestatales. Su objetivo fue la jueza Ashlee Cole, madrastra de uno de los amigos de Wells. Le enviaron amenazas de muerte y le advirtieron que le mandarían bombas a su casa.
Sobre la muerte de Wells, los hechos son estos. Según Cole, el grupo de amigos regresó al continente cuando el bote tuvo un problema con la bomba de sentina. Wells decidió quedarse en la isla. Dos días después lo encontraron muerto. Tenía una marca en la parte posterior de la cabeza. El cuerpo presentaba descomposición significativa.
Se realizaron dos autopsias. La estatal está completa, pero los resultados no se han hecho públicos. La independiente, encargada por los abogados de la familia, concluyó que la causa y la manera de muerte son «indeterminadas pendientes de investigación». El médico no pudo descartar juego sucio. Así lo declaró el abogado Ben Crump.
Que no te lo cuenten. Tres personas de tres estados distintos coordinaron amenazas para intimidar a testigos, jueces y funcionarios de un caso que aún no tiene respuestas oficiales. El aparato judicial federal respondió con cargos. Eso es lo que debe hacer. Pero la pregunta sigue en pie: ¿qué hay en este caso que mueve a desconocidos a arriesgar años de prisión para silenciar testigos? La autopsia estatal permanece bajo llave. El relato oficial, incompleto. Y la familia de Wells, esperando.



