El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, admitió ante The New York Post que los republicanos no tienen «ni cerca» los votos necesarios para superar el filibuster demócrata y aprobar la Ley SAVE America. Pero abrió una puerta: la reconciliación presupuestaria.
La Ley SAVE America —prioridad legislativa número uno de Trump este año, según la fuente— exigiría prueba de ciudadanía para votar e introduciría otras reformas electorales. Cada vez que los republicanos han intentado llevarla al pleno, los demócratas la han bloqueado. El umbral de 60 votos para superar el filibuster está, por ahora, fuera de alcance.
Lo que cambió esta semana es el contexto político. Trump declaró en Meet the Press que, durante su última llamada telefónica con el ya fallecido senador Lindsey Graham, este le dijo: «Estamos listos para la Ley SAVE America». El presidente no especificó cómo. Thune, sin confirmar que esa fuera la conversación exacta, ofreció su propia lectura: Graham pudo haberle hablado de una vía de reconciliación.
«Quizás lo que Lindsey le estaba comentando al presidente —y no lo sé con certeza— era si había una opción de reconciliación, y creo que hay una manera de hacerlo», dijo Thune al diario.
El obstáculo técnico es real. La reconciliación presupuestaria exige que la legislación tenga un impacto presupuestario principal, no meramente incidental a su efecto de política pública. «Si el impacto presupuestario es incidental al impacto de política, generalmente se considera una violación», advirtió el propio Thune, reconociendo que hay «cierto nivel de subjetividad» en esa determinación, que recae en el Parlamentario del Senado.
La solución que se ha discutido: incentivar financieramente a los estados para que implementen identificación con foto mediante transferencias federales. «Cómo se diseña o estructura importa mucho», precisó Thune.
El miércoles, el Comité de Presupuesto de la Cámara presentó una resolución presupuestaria —bautizada como «reconciliación 3.0»— que desbloquea formalmente ese proceso. El plan de 95.000 millones de dólares incluye 60.000 millones para defensa, 13.000 millones para inteligencia, 12.000 millones en ayuda agrícola y 10.000 millones en subsidios para impulsar elementos de la Ley SAVE America. Su camino en el Congreso es, sin embargo, complicado: los republicanos del ala fiscal ya expresaron escepticismo.
Que no te lo cuenten. El aparato burocrático y la obstrucción sistemática del Partido Demócrata llevan años bloqueando una medida que, en esencia, pide lo mismo que exige cualquier democracia seria del mundo: acreditar quién eres antes de votar. La reconciliación no es un truco; es el único mecanismo que le queda a una mayoría para gobernar cuando la minoría convierte el filibuster en veto permanente. El diseño importa, sí. Pero la voluntad política también.



