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Opinión · Análisis

TikTok convierte el horror en tendencia: la moda «Same, Lindsay» pudre la cultura desde adentro

Mujeres publican videos identificándose con una madre que mató a sus tres hijos. El algoritmo premia el narcisismo; la salud mental real, la paga.
Imagen ilustrativa
viernes 21 de agosto de 2026

El caso de Lindsay Clancy sacudió a Estados Unidos: una mujer con psicosis posparto mató a sus tres hijos y luego intentó suicidarse. Un hecho devastador, una tragedia clínica documentada. Hasta ahí, los hechos.

Lo que vino después es otra cosa.

En TikTok apareció una tendencia en la que mujeres publican videos llorando con el texto «Same, Lindsay» —«Igual que Lindsay»—, identificándose con la autora de ese crimen. El comentarista Ben Shapiro, del Daily Wire, lo analizó sin rodeos: o esas mujeres realmente sienten lo mismo que Clancy justo antes de matar a sus hijos —en cuyo caso necesitan atención profesional urgente e inmediata— o están buscando empatía de una audiencia que ha perdido todo sentido de la racionalidad.

No hay tercera opción.

Shapiro distingue con precisión lo que la tendencia mezcla a propósito: la depresión posparto y la psicosis posparto tienen la misma causa básica, pero efectos radicalmente distintos. Conflactarlas no es empático ni solidario. Es, según su análisis, «narcisista, autosuficiente y moralmente incorrecto».

Allie Beth Stuckey lo resumió en un tuit que Shapiro citó: «Tu esposa probablemente no debería estar en TikTok».

Difícil rebatirlo. Si una persona está tan deprimida que no puede manejar su vida, ¿qué hace grabándose para el algoritmo en lugar de buscar ayuda real?

La respuesta incómoda es que TikTok no recompensa la recuperación. Recompensa la performance del sufrimiento. Cuanto más dramático, más vistas. Cuanto más extrema la identificación —incluso con una infanticida—, más viralidad. El sistema de incentivos está diseñado exactamente para esto.

El relato se cayó solo.

Esta tendencia no es un accidente cultural: es el producto lógico de una plataforma que monetiza la atención sin importar el costo humano. TikTok, propiedad de ByteDance con sede en China, lleva años bajo escrutinio por sus efectos en la salud mental de jóvenes y adolescentes. El Congreso de Estados Unidos debatió su prohibición. El debate sigue abierto.

Pero más allá de la geopolítica, lo que «Same, Lindsay» revela es un problema de fondo: cuando la cultura reemplaza el tratamiento médico por la validación viral, las personas que genuinamente sufren depresión posparto —una condición real y tratable— quedan atrapadas en un circo que trivializa su dolor y glorifica el extremo más oscuro.

En Contrafuego lo decimos claro: la salud mental merece médicos, no seguidores. Y una plataforma que convierte el infanticidio en tendencia estética no es un espacio neutral de expresión. Es una máquina de adoctinamiento emocional que pudre la cultura desde adentro. Que no te lo cuenten.

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