TikTok llegó a acuerdos confidenciales con tres menores de edad que la demandaron en el Tribunal Superior de Los Ángeles, acusando a la plataforma de haber impulsado su adicción mediante funciones diseñadas deliberadamente para enganchar a los usuarios más jóvenes.
Los tres casos son llamados «bellwether» —casos piloto— dentro de una oleada de aproximadamente 3.300 demandas presentadas en ese mismo tribunal contra TikTok, YouTube (Google), Instagram y Facebook (Meta) y Snapchat. Los demandantes son menores que desarrollaron trastornos alimentarios, autolesiones, ansiedad y depresión que atribuyen directamente a sus adicciones a estas plataformas.
Los términos de los acuerdos son confidenciales, según confirmaron en un comunicado conjunto los abogados Joseph VanZandt de Beasley Allen y Emily Jeffcott de Morgan & Morgan. Los tres menores —identificados solo por sus iniciales— incluyen una joven de 15 años de Illinois, otro de 15 años de Nueva Jersey y uno de 18 años de Mississippi. Todos mantienen sus demandas activas contra Meta, YouTube y Snap, con juicios programados para octubre.
El precedente ya está escrito con sangre y dinero. En marzo, Meta fue condenada a pagar 4,2 millones de dólares y Google a pagar 1,8 millones en el primer caso bellwether, presentado en nombre de una menor identificada como KGM. Ambas empresas niegan haber actuado mal y anunciaron apelaciones.
El mes pasado, un menor de 15 años de Florida llegó a acuerdos con Google, TikTok y Snap días antes de que comenzara su juicio, aunque retiró su demanda contra Meta. Sus abogados explicaron que el joven eligió cerrar el proceso para concentrarse en su recuperación y en la terapia.
Los críticos llevan tiempo comparando esta avalancha judicial con el «momento Big Tobacco»: el instante en que la industria del tabaco no pudo seguir ocultando que sabía exactamente el daño que causaba y lo vendía de todas formas. La diferencia es que el tabaco tardó décadas en llegar a ese punto. Las plataformas digitales llegaron en menos de una generación.
Que no te lo cuenten. Detrás de cada acuerdo confidencial hay un algoritmo que alguien diseñó para maximizar el tiempo en pantalla de un adolescente, sin importar el costo en su salud mental. El aparato estatal tardó años en reaccionar; la burocracia regulatoria miró hacia otro lado mientras estas empresas acumulaban billones. Ahora llegan los cheques silenciosos para comprar el olvido. Pero los juicios de octubre contra Meta, YouTube y Snap seguirán adelante. Y el relato de que estas plataformas son espacios neutrales de conexión social se cae solo, caso tras caso, sala de audiencias tras sala de audiencias.



