El 16 de julio de 2026, el presidente Donald Trump acusó desde la Casa Blanca a la República Popular China de haber conspirado para socavar su presidencia. Según Trump, Beijing «luchó con uñas y dientes» para impedir su reelección y presionarlo a renunciar, basándose en inteligencia que señala actividades electorales del régimen chino contra su primera administración y su campaña de 2020.
Lo que vino después desafía toda lógica.
Al día siguiente, Peter Navarro salió a decir que el discurso de Trump «no era una historia sobre China» y apuntó a «actores nefastos» domésticos como los verdaderos villanos. Horas más tarde, la secretaria de prensa Karoline Leavitt confirmó que la visita del presidente Xi Jinping a la Casa Blanca en septiembre seguía en pie. Al parecer, la sanción por interferir en la democracia americana es una recepción de gala.
Esa misma noche del viernes, Reuters reportó nueva orientación del Departamento de Justicia: TikTok volvía a estar autorizada en dispositivos gubernamentales.
El problema no es menor. Una evaluación del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés) del 7 de abril de 2020 identificó TikTok como vector primario de interferencia electoral del PCCh en Estados Unidos. El mismo documento advierte que China utiliza la plataforma para «extender el alcance coercitivo de sus esfuerzos de control político e ideológico más allá de sus fronteras», afectando la soberanía de las democracias occidentales. El algoritmo que hace posible esa operación, según el análisis publicado, sigue bajo control del PCCh.
El Congreso actuó con rapidez en 2024 para separar TikTok de su empresa matriz china ByteDance, motivado por evidencia de que la app fue directamente responsable de picos de antisemitismo meses después de los ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre. Ese mecanismo algorítmico no ha cambiado de manos.
También en 2025, según la misma fuente, Beijing usó ese control para movilizar la opinión pública americana contra la guerra comercial de Trump con China. La herramienta funciona. Y sigue operativa.
Contrafuego lo dice sin rodeos: hay una contradicción que la administración no puede sostener. No se puede acusar a Xi de intentar destruir tu presidencia un jueves y recibirlo con honores en septiembre. No se puede invocar la integridad electoral y al mismo tiempo autorizar en dispositivos de gobierno una app cuyo algoritmo, según la propia inteligencia americana, es el arma de guerra psicológica más potente del PCCh contra los ciudadanos estadounidenses.
El libre mercado exige reglas claras y reciprocidad. China no permite a empresas americanas operar sus plataformas en territorio chino sin control estatal. Permitir que Beijing maneje el algoritmo con el que 170 millones de americanos consumen información no es apertura comercial: es asimetría en favor del adversario. Si la administración Trump es seria con la soberanía y la integridad electoral, tiene la palanca y tiene el tiempo. Usarlos o no usarlos es una decisión política. Que no te la cuenten como algo más complicado que eso.



