No es un aviso menor. El Centro de Predicción de Tormentas de la NOAA emitió un riesgo Nivel 2 sobre 5 de tormentas severas para este viernes por la tarde. El corredor afectado va desde el suroeste de Connecticut y el Valle del Hudson hasta el este de Pensilvania, partes de Nueva Jersey y la Península de Delmarva. Eso incluye la autopista I-95 entre Nueva York y Washington, DC.
Las ráfagas de viento dañinas son la principal amenaza. Pero no la única.
Las tasas de precipitación podrían alcanzar 2,5 pulgadas por hora durante las tormentas más intensas. Gran parte del territorio ya está saturado por lluvias recientes. El riesgo de inundaciones repentinas —Nivel 1 sobre 4— cubre el Noreste, el Valle de Ohio y el Sureste hasta el sábado. Ciudades como Nueva York, Washington, Charlotte y Atlanta están en esa zona.
Bridgeport, Connecticut, acumula más de siete pulgadas por encima del promedio anual de lluvias. Albany, Nueva York, supera en más de cinco pulgadas su media histórica. Ambas ciudades ya vivieron inundaciones significativas el mes pasado. Ahora vuelven a estar en la línea de fuego.
Quienes escapen a las tormentas no salen mejor parados. Alertas de calor cubren desde Filadelfia hasta Boston. El índice de calor podría superar los 100 grados Fahrenheit en algunos puntos. Esas alertas podrían extenderse al sábado.
El mecanismo detrás de todo esto es claro. Un sistema de alta presión frente a la costa este está canalizando humedad atlántica hacia el interior. Una frente frío avanzará desde los Grandes Lagos hacia las Grandes Llanuras a partir del viernes por la tarde. Esa combinación dispara la inestabilidad y mantiene las condiciones revueltas durante todo el fin de semana.
Las acumulaciones generalizadas se esperan entre 0,5 y una pulgada. En zonas donde las tormentas pasen repetidamente por el mismo punto, los totales podrían llegar a dos pulgadas o más.
Que no te lo cuenten. El aparato de gestión de emergencias federales y estatales tiene ahora mismo toda la información sobre la mesa. La pregunta no es si las tormentas van a golpear. La pregunta es si las ciudades afectadas —muchas con infraestructura hídrica envejecida y presupuestos de mantenimiento recortados año tras año— están en condiciones de absorber otro golpe. El historial reciente de Bridgeport y Albany sugiere que la respuesta no es tranquilizadora. El clima no espera a que la burocracia ponga al día sus drenajes.



