Un tribunal federal de apelaciones acaba de sentar un precedente que debería alarmar a cualquiera que todavía crea en la Primera Enmienda.
El tribunal determinó que Roderick E. Theis II violó legislación de discurso de odio al exhibir los libros infantiles «He is He» y «She is She» — dos títulos que, según su coautor Ryan Bomberger, simplemente celebran lo que significa ser niño o niña. El mismo tribunal resolvió que mostrar esos libros no estaba protegido por la Primera Enmienda. Así de sencillo: afirmar el binario de género en una escuela pública de Oregon puede costarle el empleo a un funcionario y quedar fuera del paraguas constitucional.
Según reportes citados por The Daily Wire, Theis trabajó para el InterMountain Education Service District por más de 15 años y fue despedido después de que una maestra lo grabó mostrando los libros a alumnos de octavo grado. Pero Bomberger, quien coescribió los títulos junto a su esposa Bethany, asegura que la situación fue orquestada: «Hubo una sola queja de una maestra que solo vio las portadas. Esa misma maestra preparó a los dos alumnos de octavo que insistieron en leer los libros. No fue interés genuino. Fue una trampa. Y ella fue quien grabó toda la interacción».
La doble vara del distrito escolar es difícil de ignorar. Bomberger señaló que ese mismo sistema educativo promueve materiales como «How To Be An Anti-Racist», al que describió como un libro «con animosidad hacia las personas blancas» que sostiene que «la única forma de combatir la discriminación pasada es la discriminación presente». Según Bomberger, ese libro viola la propia ley de Oregon que se usó contra Theis — aunque nadie en el aparato escolar parece haberse dado cuenta.
Alianza Defensora de la Libertad (ADF) representó a Theis y, pese al rechazo de la apelación, prometió «continuar defendiendo la libertad de la Primera Enmienda de Rod para expresar sus opiniones como cualquier otro empleado». Bomberger confía en que hay base sólida para seguir: argumenta que el tribunal inferior malinterpretó el precedente de Kennedy v. Bremerton School District, en el que la Corte Suprema estableció que las escuelas públicas no pueden impedir que un empleado ejerza expresión personal en propiedad financiada por los contribuyentes.
«La Primera Enmienda no desaparece cuando un empleado del gobierno entra a una propiedad financiada por los contribuyentes», afirmó Bomberger.
Este caso no es una anécdota de Costa Oeste. Es la lógica del Estado docente llevada a su conclusión natural: los libros que celebran la maternidad, la paternidad y la biología básica se convierten en «discurso de odio», mientras el adoctrinamiento ideológico avanza sin resistencia institucional. El contribuyente financia las escuelas; las escuelas deciden qué verdades están permitidas. Que no te lo cuenten.



