Un tribunal federal le dio la razón a Florida. El pleno del Tribunal de Apelaciones del 11.º Circuito falló el martes 8 votos contra 5. La decisión despeja el camino para que el estado aplique la Ley de Protección de la Infancia, respaldada por el gobernador Ron DeSantis.
El caso lo inició el restaurante Hamburger Mary's, de Orlando. Argumentó que la ley violaba la Primera y la Decimocuarta Enmienda. El tribunal rechazó ese argumento. Determinó que el establecimiento no demostró probabilidad suficiente de ganar en el fondo. La medida cautelar que bloqueaba la norma quedó anulada. El caso regresa ahora al Tribunal de Distrito para continuar el proceso.
La ley convierte en delito menor «admitir a un menor en una actuación en vivo para adultos». Define ese tipo de espectáculo como aquel que «representa o simula desnudez, conducta sexual, excitación sexual o actividades sexuales específicas», que apela predominantemente a un interés «lascivo, vergonzoso o morboso», resulta «patentemente ofensivo» para la edad del menor presente y carece, en su conjunto, de valor literario, artístico, político o científico para esa edad.
El juez Andrew Brasher redactó la opinión mayoritaria. La calificó de «regulación directa de la obscenidad». Escribió que «impedir que los menores asistan a actuaciones en vivo obscenas para ellos está racionalmente relacionado con el interés de Florida en proteger el bienestar de los niños». El tribunal también rechazó que términos como «lascivo» fueran vagos. Citó jurisprudencia del Tribunal Supremo de Florida que limita ese concepto a conducta sexual.
El fiscal general del estado, James Uthmeier, celebró el fallo en X. «Gran victoria para nuestro equipo en el 11.º Circuito», escribió. «Tras tres años de litigación, el pleno del tribunal confirmó la constitucionalidad de la prohibición de Florida sobre menores en shows de drag sexualizados.» Hamburger Mary's aún puede buscar revisión adicional.
Que no te lo cuenten. Tres años tardó el aparato judicial en validar algo que cualquier padre entiende en treinta segundos: el Estado tiene interés legítimo en proteger a los niños de contenido obsceno. El relato que presentaba esta ley como censura cultural se cayó solo ante ocho jueces federales. Lo que estaba en juego no era el arte ni la libertad de expresión. Era si los adultos tienen derecho a arrastrar a menores a espectáculos diseñados para adultos. Florida dijo que no. El tribunal lo confirmó. El principio es tan antiguo como la civilización: la infancia merece protección, no exposición.



