El presidente Donald Trump formalizó la creación de una «comisión de investigación» para revisar si Lisa Cook hizo declaraciones falsas en uno o más instrumentos hipotecarios, según la Casa Blanca.
La medida retoma un pulso que Trump arrastra desde agosto de 2025, cuando intentó destituir a Cook por las mismas acusaciones. En junio, la Corte Suprema bloqueó ese intento en una votación de 5-4 y sostuvo que no se le había dado tiempo suficiente para responder a las imputaciones.
La nueva comisión estará integrada por tres funcionarios del Poder Ejecutivo: Kevin Hassett, Keith Sonderling y Andrea Lucas, de acuerdo con el aviso publicado por la Casa Blanca. El comité deberá revisar evidencia y reportar al presidente si existe «causa» para remover a Cook bajo la ley aplicable. La audiencia está fijada para el 5 de noviembre en la Casa Blanca.
Según el aviso, Cook podrá presentar un escrito antes de la audiencia y luego exponer argumentos, pruebas por escrito y declaraciones de testigos. Los abogados del Departamento de Justicia la interrogarán. La sesión será cerrada al público, aunque quedará transcrita.
CNBC informó que los abogados de Cook, Abbe Lowell y Norm Eisen, dijeron que tienen «graves dudas» sobre la legitimidad de la investigación y que la gobernadora «da la bienvenida a la oportunidad de presentar los hechos para limpiar su nombre». También señalaron que, si el proceso es objetivo, la conclusión será que Cook no cometió fraude hipotecario.
La Casa Blanca no ofreció comentarios a CNBC y remitió a los abogados de Cook. El caso vuelve a poner en primer plano una tensión de fondo: Trump presiona a la Reserva Federal mientras acusa al banco central de obstaculizar su agenda económica.
Aquí no hay misterio: cuando un presidente convierte una disputa institucional en una cruzada personal, lo que queda en juego no es solo el futuro de una gobernadora. Lo que se pone a prueba es si la Reserva Federal responde a reglas claras o al poder político del momento.
Y esa diferencia importa. Para los mercados, para los contribuyentes y para cualquier economía seria, la independencia del banco central no es un lujo tecnocrático: es un muro de contención frente a la burocracia usada como arma. Si hay causa, debe probarse. Si no la hay, el aparato estatal no debería fingir que la encontró.


