Donald Trump encendió la alarma esta semana. En una entrevista publicada por el portal especializado Punchbowl, el presidente de Estados Unidos pidió a la bancada republicana en el Senado que reaccione de cara a las elecciones legislativas de noviembre, advirtiendo que la posibilidad de perder ambas cámaras del Congreso frente a los demócratas es «muy real».
El diagnóstico de Trump es directo: sin su nombre en las papeletas, el votante republicano medio podría simplemente no presentarse. «Si yo no participo en estas próximas elecciones, ¿va a votar esta gente? Porque muchos están muy enfadados con los republicanos, para ser sincero. Con los republicanos, no conmigo», declaró el presidente.
Las encuestas respaldan la preocupación. Según la fuente, los republicanos perderían como mínimo la Cámara de Representantes, y los demócratas podrían incluso plantar cara en el Senado, aunque para eso necesitarían una ganancia neta de cuatro escaños, algo que hoy parece remoto.
Para intentar frenar el deterioro, Trump anunció que pondrá a disposición de los senadores su maquinaria financiera. No es un gesto menor: es el reconocimiento de que el partido necesita oxígeno externo para sobrevivir un ciclo electoral sin el efecto arrastre de su candidatura.
Las fricciones internas no ayudan. Trump ha criticado que sus propios congresistas y senadores están boicoteando algunas de sus iniciativas, entre ellas la ley de reforma electoral y la consolidación en el cargo de su fiscal general en funciones, Todd Blanche. Las senadoras republicanas Murkowski y Collins ya manifestaron que no tienen intención de respaldar la confirmación de Blanche, a quien ven como el rostro de la «politización» del Departamento de Justicia.
La frase que cierra la entrevista lo resume todo: «Como el Senado no espabile, igual acabo siendo el último presidente republicano. Como los demócratas consigan meter la cabeza, igual acabo siéndolo».
Contrafuego lo lee así: el riesgo para la agenda de libre mercado, desregulación y control migratorio no viene únicamente de la izquierda demócrata. Viene de una bancada que tropieza con sus propias iniciativas mientras el reloj corre hacia noviembre. Trump lo dice con todas las letras. La pregunta es si el aparato republicano en el Senado entiende que sin mayorías legislativas, el proyecto se congela, o si prefiere llegar cómodo a una minoría.



