Donald Trump anunció desde el Despacho Oval que considera imponer «un gran arancel a México por la lechuga». Lo dijo así, sin rodeos. El contexto: un brote de ciclosporiasis que ya infectó a al menos 1,947 personas en nueve estados de Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Los pacientes reportaron haber comido en restaurantes de la cadena Taco Bell. Las autoridades federales estadounidenses apuntan a lechuga iceberg cultivada en Guanajuato y distribuida por Taylor Farms, empresa con sede en California.
El problema: las pruebas no acompañan la acusación.
La Secretaría de Salud de México informó el 23 de julio que dos laboratorios distintos analizaron las lechugas y el agua de la planta de Taylor Farms. Ambos resultaron negativos a Cyclospora cayetanensis. Las autoridades mexicanas también descartaron «presencia de coliformes fecales» y confirmaron parámetros fisicoquímicos dentro de norma.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum lo reconoció en su mañanera del 24 de julio: la FDA primero señaló lechuga mexicana, luego admitió que era «un falso positivo», y ahora retoma la hipótesis. Ese vaivén lo describió ella misma, palabra por palabra.
Hay más ruido en la investigación. En California del Norte, los casos no se vinculan a Taco Bell. Las autoridades estatales allí analizan cilantro y perejil como posibles fuentes. Es decir, ni siquiera hay consenso dentro de Estados Unidos sobre el origen.
Trump también insinuó un arancel a Canadá. El motivo: el humo de incendios forestales activos desde hace al menos 15 días. Misma lógica, distinto pretexto.
Que no te lo cuenten. Aquí los hechos son claros: hay un brote real, hay personas enfermas y hay una investigación legítima en curso. Lo que no hay, hasta ahora, es evidencia que sostenga el arancel que Trump ya anunció.
Eso es lo que está en juego. No se trata solo de lechuga. Se trata de si una amenaza arancelaria puede correr más rápido que la evidencia científica. Para México, el costo sería concreto: exportaciones agrícolas, empleos en Guanajuato, cadenas de suministro. Para el consumidor estadounidense, precios más altos en la góndola. La burocracia de Washington mueve el arancel; el contribuyente de ambos lados paga la factura. Otra vez la doble vara: exigir responsabilidad sin esperar que la prueba llegue.



