Donald Trump lo dijo sin rodeos en Fox News este martes: «La semana que viene les tocará el turno a las centrales eléctricas. La semana que viene les tocará a los puentes. Vamos a dejar fuera de servicio todas las centrales eléctricas. Vamos a destruir todos sus puentes a menos que se sienten a negociar».
Las fuerzas estadounidenses llevan cuatro días consecutivos atacando objetivos en Irán. La tregua firmada el 17 de junio —el memorándum de entendimiento que algunos vendieron como un giro diplomático— quedó disuelta. Trump fue explícito sobre el alcance de la presión: «Vamos a golpearlos con mucha fuerza esta noche. Vamos a golpearlos con mucha fuerza la noche de mañana. Vamos a golpearlos con mucha fuerza la noche siguiente».
El presidente también restableció el bloqueo naval sobre los puertos iraníes, declarando que el estrecho de Ormuz permanece abierto para el tráfico internacional pero «cerrado para Irán, tanto para entrar como para salir». Durante el bloqueo anterior, iniciado en abril, Irán no pudo exportar «ni un solo barril de petróleo», según su propio negociador jefe, Mohamad Baqer Qalibaf. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) señaló que esa operación «desempeñó un papel decisivo en la firma del memorando de entendimiento».
A pesar de la escalada, Trump reveló que representantes de ambos países mantuvieron contactos apenas una hora antes de la entrevista. Aun así, fue categórico: «Ahora no quiero negociar». Y acusó a Teherán de mentir sistemáticamente: «Todo lo que dice Irán es mentira. Nunca había visto algo así».
Desde Teherán, el vicecanciller Kazem Gharibabadi respondió que endurecer las medidas no llevaría a Irán de vuelta a la mesa: «Si Estados Unidos cree que, al endurecer sus medidas contra nosotros, sus acciones militares y su bloqueo económico, volveremos a las negociaciones, está cometiendo un error».
Trump también advirtió que Washington podría volver a atacar instalaciones nucleares iraníes si lo considera necesario, afirmando que podría causar «un daño enorme» a esos sitios «en cuestión de minutos».
Lo que está en juego es más que una disputa regional. El estrecho de Ormuz es uno de los principales corredores del transporte mundial de petróleo: cada perturbación allí se traduce en precios más altos en la bomba de gasolina de cualquier país que dependa del mercado energético global. Trump aplica aquí la misma lógica que ha aplicado en otros frentes: presión máxima, sin ambigüedades, hasta que el otro lado ceda o pague el costo completo. Que Irán lleve décadas incumpliendo acuerdos y ocultando su programa nuclear no es un dato menor —es el argumento central que sostiene la postura de Washington. El relato de la diplomacia sin consecuencias se cayó solo. Ahora el mundo mira si Teherán tiene más aguante que infraestructura.



